CARTOGRAFIAR LA DISPERSIÓN. PRÁCTICAS DE BUTOH EN MADRID Y BARCELONA (SEGUNDA ENTREGA):
UNA MANERA DE ENTENDER LA DANZA

Ensayo

Por Evelyn Viamonte Borges

Tanto en lo que se autodefine como Butoh dentro del territorio que pretendemos cartografiar, en lo que se deslinda de tal definición pero cuyas peculiaridades le aproximan al Butoh, como en las que se han apropiado de determinados aspectos provenientes del Butoh para instrumentalizarlos dentro de sus creaciones escénicas, hay un sustrato común que pudiéramos enunciar como una determinada forma de entender la danza y el trabajo corporal en la escena, que a menudo incluye una determinada filosofía que a su vez define una posición ética y de pensamiento respecto al mundo y al quehacer artístico en sentido general, pero sobre todo respecto al cuerpo; todo esto repercute y determina la búsqueda y desarrollo de un lenguaje corporal propio alejado de las danzas academicistas y codificadas.

now hear a man 2_ Andrés Corchero en Now here a man_ fotografía Evelyn Viamonte Borges
now hear a man 2_ Andrés Corchero en Now here a man_ fotografía Evelyn Viamonte Borges

Por supuesto que lo que hoy se define como Butoh no es lo mismo que en sus orígenes; ha habido una evolución y una diseminación que ha permitido su asimilación en todas las latitudes; sin embargo hay dos líneas que se pueden observar claramente en la práctica contemporánea de Butoh y que el propio Corchero define como parte de esta evolución: una que sigue la línea de la experimentación y la búsqueda que constituyó su esencia inicial, y otra que fija aquellos aspectos formales cuya estilización permiten su fácil y rápida comercialización.

Para Corchero el Butoh no es un «estilo de danza sino una manera de entender la danza» donde lo más importante es aquello que en ese bailarín conmueve. Esta «manera de entender la danza» significa intentar descubrir un vocabulario propio (similar a lo que Mónica Valenciano suele llamar «la voz del cuerpo»), que traspasa los conceptos culturales y se inserta en la propia naturaleza humana. Explorar los límites de la propia fisicidad constituiría para Andrés Corchero paso imprescindible para encontrar este lenguaje devenido cuerpo filosófico que se pone en práctica y se piensa en y desde el movimiento mismo. Por supuesto la herencia del pensamiento nipón se trasluce como a través de un cristal para dilatar y expandir los límites del propio pensamiento. Pero la profunda raíz humana del Butoh es lo que ha permitido su expansión por todas las latitudes y su reapropiación por todas las culturas.

Por una parte, la instrumentalización de ciertos elementos que constituyen la esencia del Butoh, supone ya un posicionamiento frente al cuerpo que elude su uso comercial o espectacular, y entraña la elusión de una danza «para mayorías» . Es decir, por un lado se aplica a una determinada postura ética (aunque también en ciertos casos estrictamente filosófica, como se verá), y por otro continúa ese posicionamiento frente al cuerpo de tipo político, sociológico y artístico que lo redefine continuamente como un territorio en perpetua y necesaria exploración. Y en todo caso determina una perspectiva de la danza, no solamente como entretenimiento sino como parte de una experiencia compartida entre quien danza y quien observa.

En el caso de Jonathan Martineau , esa manera de entender el cuerpo y la danza ha desembocado en un cuerpo filosófico que él ha definido como «filosofía natalicia», «filosofía del nacimiento» o también «butosofía». Su investigación se basa en bucear dentro de las imágenes subconscientes para la exploración artística y filosófica desde el cuerpo, o sea, un saber que proviene de la experiencia corporal, que parte de una determinada visión del cuerpo y una manera de entender sus conexiones con el mundo y sedimenta en esta forma de pensamiento.

Para el Butoh, antes de esto [se palpa el cuerpo], hay un cuerpo como campo en resonancias, pero que no es una unidad que resuena con la otra, sino solo resonancias, y sobre estas mutuas influencias, mutuas afectaciones, creamos después unidades. En el Butoh lo que baila es esta nube de información en el subconsciente y hay una continuidad entre el espacio que se despliega, que se abre, entre el vidrio que gotea, que cae, entre las maderas carcomidas.

A esta manera de entender el Butoh le ha llevado el trabajo con el subcuerpo, concepto que toma de su maestro Rizhome Lee y que desarrolla en su filosofía natalicia. Según este punto de vista, no hay solución de continuidad entre el cuerpo y el espacio en que está, o entre el cuerpo y su pasado o su futuro. La idea de subcuerpo significa también para Jonathan una «pelea con cierto uso de la anatomía en la danza (…). Como si la verdad última del cuerpo fuese anatómica». Poniendo este pensamiento corporeizado frente a las filosofías del cuerpo contemporáneas, Jonathan replantea su realidad.

El cuerpo es una palabra (…) hay gente que no entiende el cuerpo en el sentido vivencial sino que es como un concepto que está de moda, que vende (…) El cuerpo es siempre un mapa. Como dicen en física, “the map is not the territory” (…) Y hoy en día hay mucha gente que se ha quedado en el mapa. Consiguen muchas cosas con imágenes corporales (manos, brazos, espiral, longitud, conceptos geométricos, proyección), pero acaba siendo siempre el mismo cuerpo.

Si la exploración principia en ese cuerpo como compendio de imágenes, muchas veces impuestas, no se pone en cuestionamiento la existencia del Yo como punto de partida para la creatividad.

Es decir, que si tú vas sobre tu imagen corporal, estas imágenes hacia el surrealismo, hacia tu creatividad, no se pone en duda que tú eres el punto de partida, que el Yo existe, y este Yo puede imaginar; entonces este movimiento hacia otras realidades, es el Yo que gana capital: capital de creatividad, capital de improvisación, capital de rango de movimiento, y es para que este pueda fortalecer su imagen de sí mismo, y finalmente venderla que para eso estamos hoy.

Ahora bien, si se parte de que esas imágenes son espejismos creados por el Yo, y se busca el desplazamiento hacia un espacio sub-real, se incluye el cuestionamiento de la propia existencia del Yo como única realidad; en este caso el Yo se plantearía, siguiendo la imagen de Jonathan, solamente como la punta de un iceberg susceptible de ser explorado y descubierto en sus partes sumergidas.

Desde esta perspectiva, ampliar los límites de la danza significaría también explorar en la oscuridad del mundo y de tu cuerpo sin salvaguardar ninguna forma. El cuerpo y su movimiento, vistos desde este ángulo, se oponen a un uso mercantilista, para constituirlo en medio de conocimiento y conexión con el Otro. Aunque un aspecto fundamental dentro del subbody Butoh es la resonancia, esta idea se encuentra también en el núcleo de otras variantes, digamos, del Butoh : «la resonancia en el sentido sutil es todo lo que las máquinas no pueden entender, que solo la vida puede dar, incluso podría decirse que la vida es eso, esta resonabilidad».

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