EDITORIAL

Fragmentos para un libro futuro

I

S
i algún día España tuviera que jugarse la última carta –habla Juan de Mairena– no la pondría en manos de los llamados optimistas, sino en manos de los desesperados por el mero hecho de haber nacido. Porque estos la jugarían valientemente, quiero decir desesperadamente, y podrían ganarla. Cuando menos, salvarían el honor, lo que equivaldría a salvar una España futura. Los otros la perderían sin jugarla, indefectiblemente, para salvar sus míseros pellejos. Habrían perdido la última carta de su baraja y no tendrían carta alguna que jugar en la nueva baraja que apareciese, más tarde, en manos del destino.

Juan de Mairena
ANTONIO MACHADO

II

Hacia el mes de abril de 1936 comenzaron en Madrid las reuniones de un grupo de intelectuales para constituirnos en una agrupación correspondiente a la similar en París. Nos sentíamos movidos ante la creciente presión del ambiente amenazador que latía en torno nuestro. España se iba cargando por momentos de una fuerte tensión; casi a diario se producían muertes de muchachos en las calles. El engañoso mito de la España y la «anti-España», de la patria y la «anti-patria», se levantaba inflado por los «teóricos» del fascismo, y dicho está que de todos estos «anti» se hacía responsable a la gran parte de la intelectualidad. Estos síntomas diversos acusaban a la inminencia de un cambio profundo; cuando hacíamos un viaje por los campos y pueblos de España sentíamos, sin embargo, venir a nuestro encuentro una esperanza desprendida de aquellos rostros macilentos, de aquellos ojos arrasados de fatiga.

Todo esto y otros síntomas, aun, que no es el caso de enumerar, patentizaban, con la evidencia de los hechos, que la situación del intelectual tenía que cambiar entre nosotros, que había ya cambiado la realidad, puesto que no era posible permanecer apartados, separados de problemas tan hondos e inmediatos. Si no interpreto mal, dos anhelos nos movían a los que nos congregamos en aquellas primeras reuniones: unirnos a una comunicación más constante, más consistente que la de unas simples conversaciones y encontrar el camino de un acercamiento a ese afán vivo que percibíamos en el pueblo. En aquellas primeras reuniones surgió el proyecto de una Universidad Popular, limitado, por el momento, a unos cursos de Literatura e Historia de la cultura española. Se creó un Comité Nacional y un Comité Ejecutivo, y se pensaba ya en las primeras tareas cuando llegó el 18 de julio. La realidad había ido más aprisa que nosotros; apenas constituidos, nos tocaba enfrentarnos con problemas del más hondo alcance.

(…)

La Alianza se fue organizando por secciones: Literatura, Artes Plásticas, Bibliotecas, Propaganda, Pedagogía, Teatro, Música…

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Comenzó inmediatamente a surgir una literatura de circunstancias; literatura de guerra de extraordinario valor humano y documental, de cuya trascendencia literaria no nos toca juzgar a nosotros ni podríamos hacerlo, pues nos resulta imposible desligarlo de los momentos intensos en que la vimos nacer. Y así surgió El Mono Azul, pequeña hoja volandera, donde íbamos imprimiendo nuestras emociones y nuestros pensamientos de las horas de congojas y esperanzas.

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Muchos nos sentíamos escuchados por primera vez por una masa de oídos, de inteligencias, atentos a nuestras palabras, con esa atención densa y perspicaz de los niños y de los pueblos. La responsabilidad que sentíamos nacer ante esa sencillísima hoja era más grande que la habíamos sentido jamás en nuestras anteriores publicaciones, que vieron la luz pública en revistas de mayor envergadura.

En los días terribles de noviembre, El Mono Azul cambió de formato y hasta de misión: unos gráficos de guerra de cómo había que protegerse de los aviones. El peligro lo absorbió todo. Después, El Mono Azul ha ido saliendo semanalmente en una página de La Voz, el popular periódico madrileño, donde continúa su publicación.

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El Congreso Internacional de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, celebrado en Madrid, Valencia y Barcelona, ha sido quizá el acto de más trascendencia organizado por la Alianza.

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La Alianza ha suministrado al teatro español valiosos elementos de sus cuadros para el «Teatro de Arte y Propaganda». El éxito con que se han estrenado la Tragedia optimista de Vichnievsky, Los títeres de Cachiporra de García Lorca, La cacatúa verde, de Schnitzler y Un duelo de Anton Chéjov, y el excelente núcleo de jóvenes actores que se agrupan en «La escuela de Teatro», bajo la dirección artística de María Teresa León, dan derecho a esperar que esta sección de la Alianza oriente en el futuro la realización de nuestra literatura dramática.

Los intelectuales en el drama de España
MARÍA ZAMBRANO

III

Cuando Max Aub viene a España, en el verano del 69, treinta años después, a pesar de que él ha imaginado su vuelta en muchas de sus obras, el impacto es brutal, pero no por la España franquista, que sabía que se iba a encontrar, sino por el desencuentro con vosotros, con la oposición democrática. El creía que por haber publicado en Ínsula y en Papeles de Son Armadans, todos vosotros lo conocíais. Para él, en 1969, la gran victoria del franquismo es que ha borrado la memoria democrática, la memoria de ese proyecto histórico, y eso es lo que lo desespera totalmente: ¿Morir aquí? Y una mierda, yo me voy a morir al exilio, yo no tengo nada que ver con este país; el mío era aquél, aquel proyecto histórico.

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Se perdió el contacto, el conocimiento mutuo porque no conocíamos la obra de la generación democrática anterior, que era la generación republicana. Es fundamental para la memoria democrática, para la salud de una sociedad democrática, reconstruir el proyecto histórico global y el proyecto teatral.

El exilio y el proyecto de una España democrática
Primer Acto 329, (julio-agosto 2009)
MANUEL AZNAR SOLER

IV

Se ha producido en toda España una explosión de barbarie en que las viejas formas de la reacción del pasado han tomado nuevo y más poderoso empuje, como si alcanzasen una suprema expresión histórica al integrarse en el fascismo.

Este levantamiento criminal de militarismo, clericalismo y aristocratismo de casta contra la República democrática, contra el pueblo, representado por su Gobierno del Frente Popular, ha encontrado en los procedimientos fascistas la novedad de fortalecer todos aquellos elementos mortales de nuestra historia, que por su descomposición lenta venían corrompiendo y envenenando el pueblo en su afán activo de crear una nueva vida española. Contra la auténtica España popular se ha precipitado para destruirla o corromperla, envileciéndola con una esclavitud embrutecedora y sangrienta, como la de la represión asturiana; este criminal empeño de una gran parte del Ejército, que al traicionar a la República lo ha hecho de tal modo que ha desenmascarado la culpabilidad de su intención, agravándola con la de traicionarse a sí mismo en la falsedad de los ideales patrióticos que se decía defender, sacrificando la dignidad internacional de España y ensangrentando y destruyendo el suelo sagrado de su historia. Y esto con tal ímpetu desesperado, demoledor, suicida, que la trágica responsabilidad delictiva de sus dirigentes lo ha determinado con características vesánicas de crueldad y de destrucción acaso jamás conocidas en España; en una palabra: fascistas.

Contra este monstruoso estallido del fascismo, que tan espantosa evidencia ha logrado ahora en España, nosotros, escritores, artistas, investigadores científicos, hombres y mujeres de actividad intelectual, en suma, agrupados para defender la cultura en todos sus valores nacionales y universales de tradición y creación constante, declaramos nuestra unión total, nuestra identificación plena y activa con el pueblo, que ahora lucha gloriosamente al lado del Gobierno del Frente Popular, defendiendo los verdaderos valores de la inteligencia al defender nuestra libertad y dignidad humana, como siempre hizo, abriendo heroicamente paso, con su independencia, a la verdadera continuidad de nuestra cultura, que fue popular siempre, y a todas las posibilidades creadoras de España en el porvenir.

Manifiesto de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura
La Voz, (Diario independiente de la noche)
Madrid, jueves 30 de julio de 1936

V

el mono azul

VI

(…)

VI

Desde Madrid, presenciando la patológica crueldad de los fascistas, no sólo enemigos nuestros sino vuestros, queremos denunciar ante vosotros, haceros testimonio de los últimos acontecimientos, asesinatos incalificables, que lleva a cabo, consecuentemente con su ideología, el enemigo.

(…)

Pero queremos haceros saber, para que nuestra palabra a su vez se proclame por todos los rincones del mundo, lo que lucha, la calidad humana que lucha a cada uno de los lados que hoy se enfrentan en España. Queremos haceros saber en qué se emplean las bombas incendiarias meticulosamente preparadas en los laboratorios alemanes. Y os decimos: todos los días arden manzanas enteras de casas madrileñas. Todos los días, en las colas que forman las mujeres de las barriadas obreras para coger su pan, su carbón, su leche, etc., los expertos aviadores alemanes e italianos pueden apuntarse nuevas victorias, ya que, no alcanzadas en combate con nuestros aviones heroicos que rehúyen, a costa de las vidas de esas mujeres, de esos niños. De esas mujeres y de esos niños que son hoy los únicos habitantes de esas barriadas obreras, pobres, ya que todos los hombres útiles se hallan en los frentes, y que parecen constituir objetivo especial de la aviación extranjera al servicio de la traición.

(…)

Os hablamos del Palacio de Liria que fue del Duque de Alba, ayer cuidadosamente custodiado por las milicias del Partido Comunista, con sus cuadros valiosos en los sótanos, y esta noche pasada en llamas. Os hablamos del resentido despecho señorito que ha debido ordenar su incendio con el mismo gesto plebeyo y chabacano del tradicional «mía o de nadie». Os hablamos de la trayectoria significativa, en línea recta, de una serie de bombas que comienza unas casas más arriba del hotel Savoy y termina, dejando un hueco casual y de seguro lamento en el Museo del Prado, en la Iglesia de los Jerónimos. Os hablamos del boquete alemán que una bomba de doscientos kilos ha dejado unos metros antes del Museo del Prado, rompiendo sus cristales.

La prensa de Burgos aún habla de provocación roja: de los incendios provocados en Madrid por los rojos para utilizarlo a su favor. No importa, nadie lo cree. Nadie que no ignore, en absoluto, intencionadamente, la serena condición de nuestros heroicos milicianos que cuidadosamente ayudan a trasladar mujeres y niños con el mismo respeto cariñoso con que salvan un cuadro o un libro importante que se los encomiende, puede creerlo. La verdad está con nosotros y no puede ser falseada.

(…)

Creedla. Tenéis que creer en nuestra palabra si no habéis perdido vuestro corazón. Pero no equivocaros. Tened muy en cuenta que esto, todo esto, no significa lamentación jeremíaca sino enardecido y colérico anuncio de nuestro triunfo decisivo y final. Nuestras palabras no respiran otra atmósfera que la de nuestro pueblo y, cómo éste, no hacemos otra cosa que dirigirnos a la conciencia, a lo más profundo de vuestra conciencia, hombres honrados del mundo, para que vuestra airada protesta palpite entre vuestro corazón con la misma fuerza que el nuestro.

Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura
El Sol, Madrid, 19 de noviembre de 1936

VII

Pero el público, señores… ¿qué diremos del público? Del público, mejor diré: del pueblo, que no ya no quiere ser público, hablaremos otro día. Sólo adelantaremos –añadió Mairena– que ha sido él quien ha salvado más valores esenciales en el teatro, casi todos los que han llegado hasta nosotros.

Juan de Mairena
ANTONIO MACHADO

VIII

Para no perderse, enajenarse, en el desierto hay que encerrar dentro de sí el desierto. Hay que adentrar, interiorizar el desierto en el alma, en la mente, en los sentidos mismos, aguzando el oído en detrimento de la vista para evitar los espejismos y escuchar las voces.

Mas ¿y la ciudad soñada, la entre vista allá en el horizonte? ¿Y lo inaccesible, lo ilimitado, vivir en la limitación? Hay que aprender a ser movido por la luz, a los largos ayunos de calor y a salvarse de él cuando llega como una irrupción, a las presencias sin figura y sin engaño, a la convención de las imágenes y a las palabras que dan frío.

El vivir dentro del desierto el encuentro con patrias que lo pudieron ser, fragmentos, aspectos de la patria perdida, una única para todos antes de la separación del sentido y de la belleza.

Las Islas, lugar propio del exiliado que las hace sin saberlo allí donde no aparecen. Las hace o las revela dejando de ser porque no se puede ser ni esto ni aquello. Así va a parar a ese limbo, a esa tierra de nadie, tierra virgen. Luego, cuando aparece, su figura es indecisa y confusa, despierta sospechas.

El lugar del exilio. El desierto
Los bienaventurados
MARÍA ZAMBRANO

IX

Habría que escribir cosas eternas para estar seguros de que serían de actualidad.

Carta del 1 de febrero de 1943
SIMONE WEIL

 

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