© Carlos Núñez de Arenas | Conchita Piña, Inma Chacón, Carolina África, Secun de la Rosa y MJ Cortés Robles

EL PAVO REAL
(Segundo encuentro)

TERTULIA DE Dramaturgas y dramaturgos

Por MJ CORTÉS ROBLES

Imagen © Carlos Núñez de Arenas

En esta ocasión, la cita era en la sede de Ediciones Antígona. Llegué la primera, como no podría ser de otra manera, siendo yo una de las instigadoras. La fachada de la editorial es como un libro cerrado esperando a que alguien decida abrir su portada e ingresar en él: sencilla, concreta, protectora de su valioso contenido. Franqueé la puerta sin pararme a investigar entre los ejemplares que se exponían en el escaparate, sabía que el tesoro iba a resultarme tremendamente asequible en su interior y, además, hoy no venía a aumentar mi colección de textos teatrales, sino al segundo encuentro de una tertulia para Actuantes que fue bautizada en su día como El Pavo Real.

Me recibió Borja Vera, director del gabinete de prensa de la editorial y artífice de llevar a buen término esta convocatoria. Conchita Piña acudió enseguida, al escuchar mi llegada. Como buena anfitriona, había estado ocupada en acondicionar una de las estancias de esta cueva de las maravillas donde el blanco es luz, donde hojas de papel inmaculadas cobran vida, donde se gestan de continuo proyectos propiciadores de la difusión y promoción de la autoría teatral en España y fuera de nuestras fronteras. Conchita fundó junto con Isaac Juncos e Ignacio Pajón esta «casa del autor», como les gusta llamarla. Esta editorial de textos de teatro contemporáneo, de crítica teatral y de filosofía, no cesa de trazar nuevos senderos que recorrer junto con los dramaturgos y dramaturgas con los que se vinculan, con el fin de apoyar, promocionar y difundir internacionalmente la dramaturgia en lengua española más actual. Las últimas noticias, en este sentido, son la creación de la agencia «Conchita Piña Agencia Literaria» -de la cual Borja Vera es cofundador junto con la propia Conchita-, y del «Premio Ana Caro», convocado por Cervantes Theatre y Ediciones Antígona.

Los tres alegres propiciadores de esta otra iniciativa añadida que es de la Tertulia, intercambiamos impresiones mientras consumimos un breve tiempo de espera. No tardaron en incorporarse, primero, Carlos Núñez de Arenas -fotógrafo para Actuantes- y, seguidamente, los contertulios. Habían confirmado su asistencia a este segundo encuentro dos dramaturgas y un dramaturgo. De entre estas personas, la única coincidencia con respecto al encuentro anterior era Inma Chacón que, dado su interés por participar, su calmada presencia, sus aportaciones y su extremada atención a la hora de escuchar al resto de tertulianos, va camino de convertirse en nuestro talismán –ella es la que sugirió el nombre de la tertulia, dicho sea de paso-.

Carolina África y Secun de la Rosa desplegaron su capacidad intelectual, su experiencia profesional y su calidad humana, uniéndose a los mismos atributos de Inma Chacón. Resultó un gran placer compartir unas horas de la mañana con este grupo en el que brotaba la palabra enraizada al pensamiento de forma fluida. Entre bizcochos y té, cafés y carcajadas, se nos voló el tiempo. Fue hermoso comprobar -una vez más- cómo no hizo ninguna falta un guion ni una batería de preguntas, sino el mutuo interés, tanto por las personas allí convocadas como por los temas que surgieron. La única premisa: la relación que se pudiera establecer entre el tema tratado y las Artes Escénicas. Es posible que en el fragor de la batalla dialéctica nos quitásemos unos a otros la palabra, incluso que abusásemos de ella en detrimento de escuchar al «contrario»-en alguna ocasión-, pero al optar por liberar la vehemencia también se libera lo espontáneo y verdadero. No ejercí de moderadora y me sumé a la conversación, intentando echar leña al fuego -en esto también me ayudaba Secun de la Rosa, en alentar la discusión-. Pese a todo, fui testigo y soy escriba. La conversación se inició con el tema de las adicciones, en concreto al tabaco, ya que algunos de los presentes eran o habían sido fumadores. Ahí va mi transcripción de los hechos, ya en forma de diálogo.

© Carlos Núñez de Arenas | Inma Chacón
© Carlos Núñez de Arenas | Inma Chacón

INMA CHACÓN.- Cuando fui a Canarias, acababa de dejar de fumar. Y, allí, ¿cómo te reciben? Con una tienda de tabaco baratísimo, nada más llegar al aeropuerto está ahí. Me regalaron un mono, un muñeco y, desde entonces, cada vez que el mono me habla, le digo: tú fuma lo que quieras, yo no (risas)

CAROLINA ÁFRICA.- Yo lo dejé con el famoso libro de Es fácil dejar de fumar si sabes cómo. Me convenció darme cuenta de que dejarlo te devolvía a la libertad de antes de fumar. El libro explica que no fumas porque «te guste» sino porque te alivia el mono que el propio tabaco te ha provocado. Pueden gustarte las gambas, pero no necesitas chupar una gamba cada ratito. Al fumar teniendo el mono, reduces cierto grado de ansiedad. Pero si no fumas nada, no tienes esa ansiedad… Es como ponerte unos zapatos estrechos para sentir el alivio de quitártelos, cuando el verdadero placer es no volver a ponértelos. Al final eres mucho más libre cuando no fumas, no tienes que salir de un lugar solo por ese motivo….

INMA.- Eso es lo que yo me he planteado, que me quita libertad. Estaba pensando en ir a Chile y las ocho horas de avión me parecían insufribles por el simple hecho de no poder fumar. O cuando me plantearon en una ocasión mi ingreso en un hospital… Les rogué que no lo hicieran, porque es un lugar en donde se prohíbe fumar (risas).

CARLOS NÚÑEZ DE ARENAS.- Yo conozco a algunos que incluso ingresados en el hospital por una enfermedad grave, han fumado en la habitación.

CONCHITA PIÑA.- Es que es una dependencia…

INMA.- Yo decidí dejar de fumar en un viaje a Alicante. Me fumé el último cigarro de mi vida -según yo (risas)- en el andén, antes de subir al tren. Cuando salí del evento al que asistí, me mordía las uñas. Le dije a la organizadora del acto que necesitaba un cigarro. Doce de la noche, todo cerrado. Encontramos un local de tragaperras en el que había una máquina dispensadora (risas). Pensé: «estoy en el lugar de la dependencia absoluta, esta vez sí que es la última».

MJ.- Todo lo compulsivo nos quita libertad. Yo ahora estoy sin móvil y la sensación es de necesidad vital… El uso del móvil nos mantiene conectados, comunicados, pero su uso compulsivo nos quita libertad.

BORJA VERA.- En las reuniones de mi familia, se prohíbe el móvil en la mesa.

CAROLINA.- Estoy ejerciendo una labor de voluntariado en la cárcel de Valdemoro, colaborando con presos que llevan muchos años internos, haciendo teatro con ellos. A lo largo del año se organizan para ejercer cada cual un roll relacionado con la creación de un espectáculo: unos hacen de actores, otros de dramaturgos, otros de escenógrafos, etc. Guiamos a los chicos en sus tareas, aunque la premisa es no intervenir. Cuando algunos ya empiezan a disfrutar de visitas externas, cuando salen al exterior, a la vida actual, el choque es brutal. El contraste entre la vida carcelaria y lo que se encuentran -según ellos mismos me han contado- les provoca, entre otras cosas, miedo. Por ejemplo, viajar en metro y observar el comportamiento de la gente con respecto al teléfono, les asusta. Ellos se han quedado estancados en la época en la cual quedabas con alguien en un lugar y si no se presentaba, resultaba un problema localizarle. Este mundo de ahora, no lo entienden. En la cárcel no tienen acceso al teléfono, las comunicaciones estás restringidas y controladas. Solo llaman desde unas cabinas que hay. Creo que son las únicas cabinas telefónicas que aún funcionan. Alguno puede que consiga hacerse con un móvil, pero están prohibidos. Sin embargo, sí lo tienen sus familias y sus hijas e hijos. Algunos que han tenido permisos me cuentan que cuando salen no pueden dormir, tienen que aprovechar al máximo esas horas de libertad y salen a caminar aunque sea de noche y si logran dormir algo lo hacen con la puerta abierta. Las celdas siempre están cerradas por la noche.

INMA.- A esta edad de la Historia la llaman la Edad Móvil. Antes era la Edad Moderna, por ejemplo, o la Contemporánea. Esta es Móvil. Ha cambiado la percepción de las cosas, tras estos avances tecnológicos. Nos hemos ido acostumbrando poco a poco a mirar el mundo a través de una pequeña pantalla a la que asomarnos. La percepción visual se ha reducido. Es cierto que los aparatos de televisión son gigantescos, pero lo que llevamos encima día a día es el móvil, una pantalla pequeña que nos ha sometido, en cuanto a la manera de comunicarnos, trasformando el lenguaje de manera que sea más adecuado al uso del móvil, acortando las palabras y las frases, para expresar de una manera más sintética…

MJ.- Se da por entendido lo que quizá no ha quedado claro…

CAROLINA.- Estar en el presente, en esta época, es algo muy extraño: te estás comunicando a través del móvil con alguien que está muy lejos y, sin embargo, el que tienes al lado no existe o tiene dificultades para comunicarse contigo… No estás en el aquí y ahora, estás en otro espacio…

MJ.- Incluso en otro tiempo…

INMA.- Se ha modificado la realidad.

CONCHITA.- No se salva ni el teatro…

SECUN DE LA ROSA.- Hasta hace nada, lo que se estudiaba en los colegios era pretecnología, manualidades. Ahora estamos en la frontera entre esa época anterior -en la que se estudiaba esa asignatura- y la época actual, en la cual aún no se sabe hacia dónde vamos a evolucionar. Podría ser una evolución terrorífica… Las nuevas generaciones han convivido siempre con el móvil y con Internet, ellos disocian ciertos términos de las realidades que representan. Para nosotros, un hashtag es poner unos símbolos concretos al lado de un nombre. Para las nuevas generaciones, tu hashtag es el nombre que tienes en Instagram. Hay niños de ocho o diez años que no saben que las palabras que se unen para crear un hashtag, en una frase al uso se escriben separadas.

INMA.- Soy profesora. Antes teníamos prohibido que los alumnos sacaran el móvil en las aulas, durante las clases. Ahora es inconcebible que un alumno no saque su ordenador para utilizarlo en clase, y a nadie se le impide que tenga a mano el móvil. Antes, una de las destrezas que se les motivaba a tener, una de las enseñanzas, era el uso de Internet. Ahora son mis propios alumnos los que me tienen que aleccionar a mí en cuanto a estas cuestiones. Y yo soy profesora, es decir, que yo, en teoría, me lo tendría que saber… (Risas) Por ejemplo, cuando se empezó a usar el chat, me lo explicaron ellos (Risas) Me metí para ver cómo era aquello, me enganché, fue algo espectacular… (Risas) Y luego que si la nube, que si muchas otras herramientas diferentes al PowerPoint para crear la presentación de documentos… Tengo un sobrino nieto que no tiene ni dos años y que, cuando coge el móvil de su madre para jugar, ya sabe cómo agrandar una pantalla táctil.

CAROLINA.- Precisamente esa es la lucha que lidiamos con respecto a la educación de nuestro hijo, su padre y yo. Tenemos un bebé de quince meses. Ambos somos teatreros y hemos decidido mantenerle alejado de las nuevas tecnologías. Jugamos con él, cantamos… Algunos niños comen con un iPad delante para que los padres estén tranquilos. Nosotros tenemos la misma duda que tendrían aquellos padres que decidieron que sus hijos no vieran la televisión, en anteriores generaciones. No queremos que sea un marcianito ajeno a las tecnologías pero por lo menos que no sea tan pronto. Cuando estamos entre amigos, alguna vez ha ocurrido que alguien le ha ensañado algo en el móvil y le hemos tenido que explicar que evitamos que use pantallas. Aunque es una misión imposible… sé incluso de algunas guarderías donde ya utilizan las tecnologías hasta para enseñar los colores.

SECUN.- El tema es más complicado de lo que parece. Además de las herramientas que todo el mundo suele utilizar, como el WhatsApp, el chat, el correo electrónico, etc., hay aplicaciones en Internet que no las sabe manejar más que un grupo de expertos. Los gobiernos no saben cómo manejar eso. La guerra de taxis, por ejemplo, tiene todo que ver con el uso de apps donde se contratan servicios. Empresas fundadas en Nueva York gestionan a través del uso de aplicaciones en los iphone en todo el mundo. La publicidad y la política también aprovechan estas ventajas de Internet. Las búsquedas son rastreadas y persiguen luego al usuario para publicitarle desde otras páginas aquellos artículos por los que se ha interesado. El ser humano ha tardado dos mil años en crear referentes de todo tipo, políticos, filosóficos, artísticos, etc. Lo más terrorífico para las nuevas generaciones que nacen con Twitter, que con cinco años ya tienen su twit, es creer que la valoración de un comentario compartido a través de estos medios no tiene que ver con la persona o personaje que hay tras el comentario, sino que estriba en el comentario en sí, en la opinión. Resulta tan absurdo como al comparar cómo antes nadie quería coger el teléfono cuando sonaba en casa y, sin embargo, ahora, todo el mundo utiliza las veinticuatro horas el teléfono móvil; un aparato con IP, con IC e ID desde el que pueden seguir tu rastro. Y, por otra parte, nadie cuelga una foto real en las redes sociales, yo no cuelgo una foto con la cara que tengo ahora mismo, la elijo… (Risas)

CAROLINA.- En la adolescencia, cuando están en plena ebullición las hormonas, esa época tan problemática en la que no entiendes el mundo y a la vez tienes tanta energía, tanto empuje, muchos comparten intimidades en redes sociales y luego se arrepienten. Lo cuelgas ahí y nadie se plantea hasta qué punto no es real o es fruto de un mal día. El concepto de «intimidad» pierde sentido, y surge otro en su lugar, la «extimidad». Esto genera consecuencias y no sé si los adolescente o cualquiera de nosotros estamos preparados para manejarlo de forma que no nos haga daño.

SECUN.- Ya somos bastante neuróticos, pero lo que va a generar más neurosis es el uso indiscriminado de Internet, por la modificación del comportamiento cerebral al adaptarse a ese uso. Según los vínculos que se establecen con aquellas personas con las que te relacionas, así deberían ser tus comportamientos. Existen muchos «yo» diferentes, cada quien tiene una manera concreta de relacionarse con el mundo. Con la llegada de Internet te ves obligado a expresarte de un mismo modo con todo el mundo, con personas que pertenecen a tu pasado, a tu presente e incluso a tu futuro. Todos ellos podrían descubrir aspectos desconocidos de tu persona y de tu biografía. Te puede leer cualquiera, en redes sociales. Tu jefe puede descubrir tu ideología, tu manera de pensar con respecto a ciertos temas… Te puede leer tu madre; que no te va a decir nada, pero que va a saber ciertas cosas de ti que quizá no imaginaba…, que te va a mirar raro, mientras te comes las lentejas… (Risas)

INMA.- ¿Habéis visto la serie Black Mirror, esa en la que van por la vida otorgándose likes?

CAROLINA.- Sí, distopías que ya no lo son…

CARLOS.- Un actor es contratado ahora por la cantidad de «me gusta» que acumula su perfil en redes…

INMA.- La estructura mental también se transforma. Ahora ya no leemos de derecha a izquierda, de arriba abajo y pasando las páginas. En Internet el lector se comporta de otro modo, clica lo que le interesa y lee de forma fragmentada y aleatoria.

BORJA.- Y la manera de escribir, es todo muy comprimido, muy reducido, con poco vocabulario.

INMA.- La ortografía no les importa…

CAROLINA.- Porque prima otra cosa en la comunicación: la inmediatez. Asusta un poco. Al final, el teatro es el acto más subversivo, comparado con otras disciplinas artísticas. Entras a ver un espectáculo sabiendo que durante dos horas no podrás utilizar el teléfono móvil, y que todo lo que va a suceder va a tener lugar ahí mismo, delante de ti. Se regresa al tiempo presente, excepto si una función te aburre que te vas con la cabeza a otro tiempo o si alguien enciende la pantalla durante la función y te saca de la magia…

INMA.- Somos todos ya mayores… Bueno, yo soy la mayor de todos…

CONCHITA.- Carolina hoy cumple años.

GRUPO.- Felicidades…

INMA.- Yo me jubilo dentro de dos meses…

© Carlos Núñez de Arenas | Conchita Piña
© Carlos Núñez de Arenas | Conchita Piña

CONCHITA.- Felicidades (risas)…

INMA.- Eso va a ser la bomba. Cuando creemos un chat de la tertulia, ya recibiréis invitaciones a la fiesta de jubilación… y de cumpleaños… Pues lo que estaba diciendo, que somos todos ya mayores para lo que estamos viviendo, para esta revolución, porque se trata de una revolución, de la tercera revolución, o la cuarta, ya… Algunos que escribimos teatro estamos todavía en la fase anterior. Las nuevas generaciones irán incorporando todo eso de lo que hemos estado hablando. Creo que es un cambio imparable. La manera en cómo ahora se ven las series de televisión, por ejemplo, con comentarios al margen de otras personas que la están viendo al mismo tiempo…

CAROLINA.- Y en teatro, también. En el último espectáculo que vi de colectivo Fango aparecía en tiempo real un chat en pantalla grande donde escribían en directo.

MJ.- Como la utilización de la mezcla de lenguajes… ¿Habéis visto lo último de Antonio Rojano…?

CAROLINA.- Catástrofe. Sí, me gustó muchísimo. Me interesa mucho la dramaturgia de Rojano. Lo bueno del teatro es que afortunadamente es una caja en la que caben muchos lenguajes. Puedes utilizar y poner en juego toda esa tecnología de la que venimos hablando pero también encontrar la magia del relato sencillo como en un cuento que contaras a un hijo. En los espectáculos de Angélica Lidell por ejemplo hay todo un trabajo de iconografía espectacular y provocador pero a mí lo que más me gusta es cuando utiliza la palabra desnuda sobre un escenario. Es la forma más primitiva de teatro: alguien que cuenta y alguien que recibe. Considero que el teatro tiene que incorporar nuevos lenguajes pero sin obviar los que ya se han dado y aún perviven. No es necesario que pugnen unos lenguajes con otros, sino que lo enriquecedor es que convivan la performance con el teatro de texto, por ejemplo. No hay por qué eliminar lo anterior, lo que hay de interesante y válido en las tragedias griegas…

SECUN.- El peligro de las llamadas «nuevas formas» es lo efímero de su uso. Cuando revisitas ese teatro novedoso de tiempos pasados, mucho de lo que se propuso se aprecia ahora como un teatro desfasado. Sin embargo, otras propuestas se mantienen. Algunas obras que introdujeron el uso del móvil o el chat en su puesta en escena, en breve, quedaron obsoletas.

CONCHITA.- Claro, porque lo que queda obsoleto es el uso de esa tecnología, y el texto es una excusa para contar eso, para mostrar los avances tecnológicos…

SECUN.- Sí. Por ejemplo, estoy como actor ahora en El jardín de los cerezos…

CONCHITA.- La he visto y me ha gustado mucho…

SECUN.- Bueno, hay controversia: a algunas personas le gusta mucho y a otras…

CONCHITA.- Conforme iba avanzando la obra, me iba gustando más…

SECUN.- Es muy loca. Si te permites disfrutarlo hasta el final, encuentras el sentido. Pero, bueno, hay mucha controversia, como digo… Como no soy el director, que soy actor, en este caso (risas), como nadie se atreve a meterse con Chéjov (risas), estamos salvados…

INMA.- A ver si voy a verla…

SECUN.- En el montaje, se utiliza mucha tecnología. Se ha querido respetar el texto pero llevarlo, de este modo, a lo contemporáneo. Annia -la hija pequeña que viene de París con la protagonista, con Varia-, llega con un móvil y va grabando, para que vea su madre cómo es la casa… No es de mis momentos favoritos. Hay espectadores a los que les encanta. Sin embargo, cuando se cierra un cañón de luz para centrar la atención del espectador en la conversación de los hermanos, se crea un momento mágico. Es lo que más me gusta: texto y actor, enterarme de la historia.

CONCHITA.- Y los silencios… Eso que tiene el teatro y que ninguna tecnología puede captar, la inmediatez. Es realmente subversivo, como decía Carolina. En estos momentos quien más quien menos tiene un perfil a través del cual todo el mundo le puede seguir, tiene una línea de comentarios que se puede rastrear. Pero esa hora y media, o dos, o tres, que estás en el teatro eres absolutamente libre. Con posterioridad, puedes twitear tu impresión de lo que ha sido la función, pero lo que se está viviendo en el escenario y entre el patio de butacas tiene un carácter efímero…

© Carlos Núñez de Arenas | Carolina África
© Carlos Núñez de Arenas | Carolina África

CAROLINA.- Parecía que el cine se iba a cargar el teatro, y no ha sido así. Esta es una batalla más que vuelve a ganar el teatro…

SECUN.- El teatro es lo más vivo. Como decía Philip Seymour Hoffman: «hay tres D, cuatro D, y luego está el teatro» (risas). El teatro es lo más moderno, va más allá, puedes tocar… Pero también es cierto que ahora mismo las series, el cine, son disciplinas muy pegadas a su tiempo. Es muy difícil encontrar a dramaturgos que se atrevan a contar una historia con desarrollo, nudo y desenlace -el esquema del gran teatro de toda la vida, de Ibsen, de Chéjov-, es decir, que se atrevan a contar historias verídicas del presente desde la palabra y desde el actor.

MJ.- Pascal Rambert, por ejemplo, lo está haciendo, desde otro lado. Se agarra totalmente a la palabra, y resulta también subversivo, propone algo nuevo…

SECUN.- Sus textos, que son muy interesantes y que suponen para el actor todo un reto físico, casi olímpico, resultan una maravilla para el trabajo de los actores, sí. Aunque creo que, de alguna manera, pueden resultar más fáciles de interpretar, una vez que el actor encuentra un estado de ánimo del que partir… Yo más bien me refería a que se encuentran en menor medida las historias contemporáneas que reflejen lo que pasa en el día a día. Por ejemplo, Chéjov es fiel reflejo de lo que pasaba en 1906. ¿Qué historias nos cuentan lo que pasa en el 2018 o en el 2019? Escribí una obra sobre el sida, un texto para estrenar en el Teatro Apolo, en Barcelona. Estuve investigando sobre el tema, y averigüé que apenas hay siete u ocho obras que hablan del sida, habiendo sido esta enfermedad causa de muerte para tres generaciones enteras. Muy pocos se pararon a reflejar en una obra ese momento concreto de la Historia actual. ¿Cómo puede ser así, siendo los dramaturgos seres humanos tan sensibles?

CONCHITA.- A veces no tienes perspectiva, estás tan inmerso que no lo puedes ver. Nosotros, aquí en la editorial nos hemos dado cuenta de que, con que pasen diez años, ya se aprecia cómo han evolucionado los intereses de la dramaturgia contemporánea. Pero hay ciertos temas que, dado su carácter de tema tabú, o tema conflictivo… A mí Pascal me gusta, pero echo en falta un hueco a la esperanza en su teatro…

MJ.- Yo creo que sí lo tiene…

CAROLINA.- Yo he visto todos los montajes que ha traído al Pavón. Percibo reminiscencias en sus dos últimos textos, pero creo que en Hermanas los personajes están más legitimados a arengarnos para que nos levantemos que en Ensayo…

SECUN.- Parecen iguales, todos sus textos…

CONCHITA.- Parece la misma voz…

CAROLINA.- A mí me interesa mucho. Le veo mucho a él, ese vómito que pone en valor la palabra… Pero a veces es de una complejidad que para apreciarlo completamente necesito leerle después detenidamente en casa…

CONCHITA.- Bueno, por ver el trabajo de las actrices…

SECUN.- Y los actores maravillosos…

CAROLINA.- Los actores participan en una olimpiada para sostener esos textos, deben ser verdaderos atletas de la palabra y el corazón… A veces sí me emocionan pero otros reconozco que me han dejado más fría, me puede el artificio del lenguaje.

MJ.- Pero es una perspectiva de la realidad. No digo que sea única ni que la abarque por entero, pero se arriesga a contarnos lo que él ve. Luego no sabemos lo que el tiempo hará con su visión de las cosas, con su obra o con él mismo…

CAROLINA.- Sí que es verdad que investiga en la palabra y renuncia, por ejemplo, a los cambios de luz… Es decir, que sí que está abogando por la palabra y el actor.

SECUN.- Yo no lo considero arriesgado. Sus textos me parecen un regalo para los actores, pero a mí no me interesa como dramaturgo. Veo demasiado al autor detrás y lo que quiere contar… Esto no tiene que ver con su valía como autor, sino con mis propios intereses artísticos, con mi necesidad como espectador de encontrar ese tipo de historias…

CAROLINA.- Hay una función que me ha gustado muchísimo Cuzco, de Víctor Sánchez, que me parece también un tour de forcé para los actores. Tiene algo parecido a la clausura del amor pero te habla desde un lugar más cercano que me emocionó muchísimo.

INMA.- Quizá estamos hablando también de sentimientos… ¿Qué es lo que hace el teatro? Establecer una comunicación entre espectadores e intérpretes en la que se imponen las emociones. En ese contacto directo del actor con el espectador no es solamente el actor el que transmite emoción, sino también el espectador. Se percibe cuando hay una conexión con el público. El espectador interactúa. Hay algo que supera el texto. El texto es el vehículo, supera cualquier tipo de tecnología.

CAROLINA.- Yo también lo pienso. La obra sucede en la mente del espectador que la recibe…

CONCHITA.- La reinterpreta…

INMA.- El espectador está creando también y está participando. Vosotros que sois actores sabéis cuándo el público está conectado a la función y cuándo no…

CONCHITA.- Cuando se dice que «están pintados» (risas)

CAROLINA.- Bueno, eso también es traicionero. Yo, a veces, me he sentido fatal en escena y he terminado la función juzgando duramente mi trabajo y, sin embargo, el público salía emocionado. Mi madre siempre me dice: «tú cállate la boca» (risas)

INMA.- Cada espectador es único, y lo vive de forma única.

CONCHITA.- Es tan difícil dar una opinión y compartirla en las redes, por ejemplo… Tú opinión es subjetiva. A veces he recomendado efusivamente una obra y algunos, que han seguido mi consejo, casi me han retirado la palabra. O al contrario, lees un twitter que tira por tierra una obra…

© Carlos Núñez de Arenas | Secun de la Rosa
© Carlos Núñez de Arenas | Secun de la Rosa

SECUN.- Somos muy poco autocríticos, como sector teatral. Las redes sociales suelen conectarte a tu propio entorno de amigos, familiares y colegas de trabajo; muy pocas personas las utilizan de una manera inteligente para conectarse con científicos que viven en la otra parte del mundo, con literatos o dramaturgos del resto del mundo, para conectar con otros países y así aprender idiomas… (Risas) Se convierte, al final, en un mundo muy reducido. En el ambiente teatral también ocurre lo mismo. Los actores, si tienen un recorrido, cuando están en escena saben si están respetando al personaje, si el personaje es ese que representan o están haciendo «el truco del almendruco» (risas); parece que hay mucha emoción y el público se emociona, pero piensas: ¿No se ha dado cuenta el director de que al personaje no le gusta el café y, sin embargo, le ofrecen cafeína y dice «sí»? En cuanto al teatro que triunfa, se obedece mucho a las modas, se tiene en cuenta si ese tipo de teatro resulta cool. Al menos, es lo que yo percibo alrededor. Cuando preguntas, el feedback versa sobre la calidad de los actores, lo emocionante, lo moderno que resulta y lo peculiar… Pero si ahondas un poco más, refiriéndote a la dramaturgia, a lo que pretende transmitir el texto y demás…

MJ.- Bueno, no es el caso de Actuantes. Te invito a leer mis artículos…

SECUN.- ¡No! Digo en general, seguro que no es el caso… (Risas) Pero, me entiendes, ¿no?

MJ.- Y no solamente eso, sino que respeto tu opinión. En Actuantes consideramos que -como decía Conchita- para cada espectador, como individuo, cada obra de teatro es una vivencia diferente. Eso es lo maravilloso del teatro. Tu vivencia no puede ser igual que la del espectador de al lado; y si habláis y es igual, pues qué pena, es decir, que estáis mintiéndoos, ocultándoos información, o no hacéis el esfuerzo de pensar un poco más, porque seguro que hay un matiz que no ha apreciado la persona de al lado, ya que tu experiencia de vida es otra. Por ejemplo -volviendo a Rambert-, creo que como creador se sitúa a varios niveles, y uno de ellos es el plano intelectual. Si también te sitúas como espectador ahí, puede resultarte muy interesante, e incluso te puede emocionar desde ese plano intelectual, modificar tu visión de la realidad desde ahí. No me parece que busque impresionar, trasciende eso…

SECUN.- Yo lo que echo en falta son personajes…

INMA.- Es verdad que cada espectador tiene su propia apreciación, pero el público también tiene identidad como tal, el público es uno. Se podría debatir sobre cuáles son los criterios por los cuales establecemos que una función es buena.

SECUN.- O qué tipo de teatro…

INMA.- Los clásicos funcionarán siempre…
CAROLINA.- Como creadora, he tenido que reflexionar muchas veces sobre esta consideración de que «el público es uno». Soy una consumidora de teatro empedernida, veo muchísimo teatro, también fuera de España. El público del Teatro María Guerrero, entre el que abundan los abrigos de visón, y el público que va a los Teatros del Canal a ver El Conde de Torrefiel, no parecen ser el mismo público. El teatro como artefacto tiene la capacidad de llegar a unos y a otros, pero no se suele dar que esa señora del abrigo de visión se siente en una butaca del Canal a ver El Conde de Torrefiel. Trato, como creadora, de filtrar en mí esa mezcla de propuestas teatrales diversas, como si fuese una coctelera. No quiero cerrar la puerta a ningún tipo de teatro que me resulte interesante. Propuestas que no me han convencido al cien por cien, sin embargo, han logrado movilizar una parte de mí, o me han reconciliado con algo o con alguien, o me ha cambiado de algún modo la vida. Cada cual entronca con un tipo de teatro. Por ejemplo, es primordial la selección de la obra para cuidar la experiencia de un joven que va a asistir al teatro por primera vez, ya que le puede marcar como espectador para siempre. Por otro lado, un espectador ya curtido tiene una mala experiencia en teatro y no reniega del teatro en su totalidad. Igual con el cine. Sin embargo, para poder rescatar como espectador a ese adolescente que va al teatro y ve un clásico y se aburre como una ostra, a lo mejor tienes que echar mano de un espectáculo que no es un Chéjov al uso, y conquistarlo de otro modo…

CONCHITA.- Claro, que le cuente algo de su tiempo…

SECUN.- Por eso yo me refería al teatro contemporáneo. Es necesario que exista Mammón, que exista Canal, que exista Angélica… -Os habla un dramaturgo que está en tierra de nadie, que toca todos los palos, que crea su propio mundo (risas)-…

INMA.- Pero mira Nando López…

SECUN.- Y algunos más… Me estaba acordando de un artículo que leí hace poco sobre Vanesa del Rey. Era muy crítica cuando asistía al teatro… En una ocasión, su padre le dijo lo que has dicho tú: «Tienes que ir al teatro para disfrutar lo que ese autor, o ese director, o esa compañía te proponen». El teatro es un juego, no tiene por qué ser lo que a ti te gustaría. Si, como espectador, entras en ese juego, todo lo que hemos estado mencionando, cualquier propuesta que no sea al uso, se disfruta mucho.

CONCHITA.- ¿No os pasa a vosotros, como espectadores, que antes de ver un espectáculo ya entráis en la sala con ciertos prejuicios? En mi caso, es así, estoy trabajando en ello… Por ejemplo, me pasó con la tuya…
S.- ¿Con la mía como autor, con Tiempos rápidos?

CONCHITA.- No, ese texto me llevó hacia otro lado, me refería a El jardín de los cerezos… Es algo inconsciente, expectativas previas, grandes o nulas, que te influyen. De forma que cuando me preguntan mi opinión, tras una función de teatro -a mí, que soy editora y tengo que construir un criterio-, a veces, tengo que admitir que no tengo ni idea… (Risas) Se supone que como somos del medio, gente de teatro, lo tenemos que entender todo… (Risas y comentarios varios)

CAROLINA.- En mi caso, el ocio y el trabajo son una misma cosa. Eso puede resultar un problema. Las propuestas que más me mueven son aquellas que me hacen olvidar que soy actriz y dramaturga, son las que me hacen «pegarme el viaje», como suele decirse. Intento rescatar de cualquier propuesta, siempre hay algo que te aporta, aprendizaje, cuestiones de puesta en escena o dramaturgia que no se pueden valorar hasta que no se ven sobre el escenario, hasta que no se prueban. Cuanto más teatro veo, más me cuesta ser crítica, desechar los trabajos que veo. Los creadores somos seres humanos sensibles. Ver los trabajos desde fuera es muy fácil. Pero cuando tú te estás exponiendo no puedes juzgarte tan duramente ni permitir que te afecte demasiado el juicio de los demás, porque en ese caso no te atreverías a hacer nada más. Por eso creo que, como compañeros de profesión, solemos valorar el esfuerzo por encima de todo…

CONCHITA.- Pero es que eso, como espectadores, no nos sirve…

INMA.- Es lógico que no nos sirva… Sabemos que es muy difícil hacer una casa, que cuesta muchísimo trabajo hacerla, que han trabajado en ella diferentes profesionales… Pero si entras en la casa, una vez construida, y estás escuchando al vecino, o entra agua por todas partes… No valoramos el esfuerzo, valoramos el resultado…

MJ.- Es cierto, pero depende. Hay todo tipo de espectador. En mi caso -que no me considero crítica teatral sino cronista- me sitúo ya desde el principio en otro lugar. Asisto a los espectáculos y considero que lo que estoy haciendo es tener una vivencia. Suelo dejar reposar esa vivencia artística que he consumido, no escribo sobre ella inmediatamente, y suelo tener muy en cuenta el proceso de creación del que me han informado o que de algún modo yo he intuido, intento aprender de él y de la experiencia en sí. No solo pienso en el resultado, pienso también en el proceso. Un espectador puede elaborar esa vivencia todo lo que considere, no tiene por qué reflexionar exclusivamente sobre lo inmediato, sobre lo que le ha hecho sentir o pensar justo en ese tiempo en el que transcurre la obra y en los momentos posteriores a la función. Si se lleva eso consigo y procura averiguar, le afectará de una u otra manera en su vida. Creo que cada espectador tiene la oportunidad de implicarse todo lo que pueda. Cualquier propuesta teatral, pese a su carácter efímero, y si intentamos controlar esa serie de condicionantes que nos impiden disfrutarla en su totalidad, puede aportarnos algo a nivel profesional y personal…. Aunque al final tomemos decisiones con respecto a continuar consumiendo o no ese tipo de teatro…

CONCHITA.- Como espectadora, a veces, no sé dónde colocarme, sufro… Es verdad que hay que valorar el resultado final, pero también el esfuerzo… No entiendo la crítica gratuita…

CAROLINA.- Es que a mí a veces me parece que la casa se ha derrumbado y, sin embargo, hay alguien a mi lado alabando la casa… (Risas)

CONCHITA.- Claro, la controversia está en el punto de vista… Recojo la pregunta de Inma: ¿Hay criterios objetivos a la hora de valorar?

MJ.- Yo creo que no…

CONCHITA.- Entonces, ¿por qué algunas obras de arte pasan a la Historia y otras no?

MJ.- Porque nos vamos poniendo de acuerdo y el acuerdo es el que toma peso como criterio. Y luego está el mercado…

INMA.- Pero, por ejemplo, si cuando los actores dicen su texto percibo como espectadora que no hay verosimilitud en eso que recibo…

SECUN.- Es que serían tantos aspectos a tener en cuenta…

CAROLINA.- Al hilo de lo que dices, estaba pensando en un espectáculo concreto al que asistí, La estación del agua. No había texto. La obra consistía en observar el trayecto recorrido por una mujer desde su punto de inicio hasta la fuente donde iba a tocar el agua. Esta acción física estaba resuelta a través de micro-movimientos de la actriz. La función duraba una hora y veinte. A los cinco minutos, a mí me iba a dar un ataque de ansiedad (Risas). A los diez minutos empecé a percibir lo que me llegaba desde los ojos de la actriz. A los quince minutos, se me expandió el alma al recibir el impacto de un micro-movimiento rápido. Cuando esa mujer llegó a la fuente y tocó el agua, al tiempo que el ruido que llevaba una hora sonando se calmó, yo entré en trance… Ahí no había personaje, no había texto, pero es una experiencia que tuve en el 2002 y que jamás voy a olvidar. Sin embargo, se fue la mitad de la sala… Conectando con el inicio de nuestra conversación, con lo que decíamos sobre el concepto del tiempo en esta era en la que prima la tecnología; resulta muy interesante que alguien venga a advertirte que eso de «el tiempo» es otra cosa… Salí de allí en estado zen.

MJ.- Qué perspectiva tan actual, ¿no? «Párate, escucha y ve»

CAROLINA.- Sí. Por eso digo, en una entrevista, a veces, nos exigimos poner en palabras conceptos o descripciones de hechos teatrales que son inabarcables. Lo que yo intento es filtrar y alimentar mis capacidades con lo que me quede de cada experiencia.

CONCHITA.- Tampoco podemos salir de nosotros mismos. El mundo pasa por ti, tú tienes una interpretación del mundo y a la inversa. Esa es la magia y el desastre de la humanidad.

INMA.- Pero, a ver, tú cuando dices que una obra de teatro es mala -que lo has dicho alguna vez, seguro- ¿por qué lo has dicho? Criterios hay, tiene que haberlos… Si no fuera así, todo sería bueno…

CONCHITA.- Y no…

SECUN.- Al contrario, la mayoría de las propuestas artísticas no son ni buenas ni malas, simplemente no ofenden y están ahí. Luego está lo que transciende…

CONCHITA.- Sí. Lo mediocre no resiste el paso del tiempo…
SECUN.- Ese espectáculo que vio Carolina, sin texto, que podría clasificarse como performance, se puede representar en un teatro y también se puede hacer en la calle. Puede pasar desapercibido o se puede volver loco Marcos Ordoñez y escribir dos páginas hablando de la mujer que llega a la fuente (Risas)

INMA.- También vas a una galería y, de entre las obras que hay expuestas, le preguntas a alguna persona que visita la exposición si considera que eso es arte, y te encuentras con todo tipo de opiniones…

SECUN.- Por ejemplo, la película Roma: La mitad de los espectadores que la han visto se aburrieron y consideran que durante la película «no pasaba nada», y la otra mitad dice que les fascina y que es la mejor película de los últimos veinticinco años. Pero, si nos referimos al texto teatral, para que una función se considere «buena», creo que sí hay criterios: que los personajes de la obra no tienen que engañar al espectador, que la línea de pensamiento del personaje nunca traicione los objetivos a los que se dirige, que los deseos de los personajes se apoyen en antecedentes que se han expuesto previamente, que sean personajes vivos, que te cuenten algo que puedes identificar con la expresión «that’s life». Esas cuestiones son las que hacen grande a Chéjov, las que consiguen que Tennessee Williams continúe impactando, que Muerte de un viajante de Arthur Miller haya afectado tanto a distintas generaciones. Cuando se representó por primera vez El jardín de los cerezos, durante la escena en la cual Lopajin se queda con el jardín, saca un hacha y empieza a talar los árboles; el público salió del teatro. En aquel momento se la consideró la peor obra del año y recibió muchas críticas. No se entendía, por ejemplo, la ruptura de la cuarta pared, parecía vulgar que Lopajin entrara con un hacha. Y, sin embargo, mira cómo ha trascendido. Y lo mismo le sucedió en su época a Williams o a tantos otros autores. Creo que se puede apreciar cuando un texto es bueno…

CONCHITA.- Yo también…

SECUN.- Al igual que con las películas o las canciones…

CAROLINA.- Sí, hay criterios que podrían considerarse universales…

CONCHITA.- En narrativa, por ejemplo, las historias son buenas cuando es indiferente el contexto, cuando lo que se cuenta se podría trasladar a cualquier otro contexto, otro lugar, otra sociedad, otro momento de la Historia. Es una cuestión filosófica, tiene que ver con lo que a todos nos involucra como seres humanos, independientemente de la enjundia que a priori tenga, no es preciso el uso de esdrújulas. Una escena muy cotidiana te puede estar abriendo las puertas a todo un universo.

CAROLINA.- En eso investigo, como dramaturga: en trasladar desde lo cotidiano la realidad de grandes conflictos que atraviesan al ser humano. No quiero aleccionar sobre grandes temas, sino apreciar lo que te toca desde lo cotidiano, las dos caras de eso que se cuenta, y cómo ninguna de las dos es buena o es mala.

SECUN.- Lo que dices entronca con nuestra necesidad como autores de hablar del presente. El público de las obras de Shakespeare las veía de pie, en el Globe Theatre. Esos monólogos que hoy en día nos parecen muy interesantes, están condicionados a la respuesta inmediata del público, ya que se iban modificando los textos según esta fuera sucediéndose en anteriores escenas. Eran alegatos para justificar lo que al público no le parecía aceptable. Necesitaban que el pueblo les quisiera y que no les tirara lechugas (Risas). En este sentido, era teatro para el pueblo.

CONCHITA.- Eso se ha perdido, un poco…

SECUN.- Un poco… Pero, con el tiempo, lo que perdura es ese teatro. Las canciones que quedan, igual, aunque la gente lo niegue… Se canta más a Camilo Sexto o Rocío Durcal que, por ejemplo, a Silvio Rodríguez, con todos mis respetos, ya que Silvio es maravilloso…

CAROLINA.- En vez de cantarle nanas a mi hijo, le canto canciones de Silvio Rodríguez…

SECUN.- Lo que digo es que incluso los cantautores orientaban su vocación hacia el pueblo. Las películas que se consideran clásicas hoy en día son La guerra de las galaxias, Rocky y El padrino, cuando en su época lo que los espectadores querían ver era La tercera vía. Creo que es importante tener en cuenta al público, el tiempo presente, el que te ha tocado vivir…

CAROLINA.- Se debe escribir conforme a la propia pulsión creativa, no disfrazarla. Angélica es auténtica, pero si alguien intenta hacer lo mismo que ella hace, a mí me llevan los demonios… Angélica se lo ha ganado, soportó muchos abucheos en el teatro Pradillo o en La Cuarta Pared… Pero cuando veo procesos artísticos que «copian» sin aportar nada propio me dan ganas de tirarles un zapato a la cabeza…

CONCHITA.- Se va perdiendo la esencia. El primero que expuso un WC como objeto de arte en una galería había encontrado un sentido para esa acción en ese momento exacto de la Historia. Ahora llega otro y pone una escoba y ya no es lo mismo, ha perdido el sentido primigenio. ¿Cuántos tenemos el talento para hacer algo original?

INMA.- Tampoco es necesario… Las vanguardias se han caracterizado por romper con las corrientes previas. Siempre habrá vanguardias. Lo interesante de las vanguardias no es la obra en sí, sino la ruptura, esa otra forma de mirar y de ver. Esto es lo que permite que el ser humano evolucione.

CAROLINA.- ¿Y cómo ser la vanguardia de una misma? A veces también hay que ponerse en riesgo, para no repetirse…

SECUN.- Si te repites es porque estás buscando algo. Los grandes autores escriben obras cortas que parecen ensayos de una de sus obras largas.

CAROLINA.- Cuando eres consciente de que has llegado a generar un público que te es fiel y que le gusta lo que haces, si hay una fractura en tu proceso como creadora te arriesgas a desencantar a ese público. Yo no escribo pensando en el público, aunque sé que escribo para un público. ¿Cómo resolvéis vosotros ese conflicto entre la honestidad con vuestra pulsión creativa y la posibilidad de poneros en riesgo?

SECUN.- Es controvertido. Influye mucho el mercado…

CAROLINA.- ¿Pero cómo haces tú?

SECUN.- ¿Yo? Yo soy «vanguardia de mi propia persona», también soy «la versión travesti de mí» (Risas) No he llegado a conseguir muchas cosas, quiero decir que aún «estoy de ida». Me preocupo de determinar cómo consigo lo que me propongo, una vez que me he dejado llevar por mis pasiones. Pero también es sana y buena la renuncia. Incluso como actor, si yo no hubiera renunciado a algunas consecuencias de mis éxitos, podría haberme forrado haciendo anuncios de espaguetis como Tony Manero (Risas). Prefiero seguir estrenando mis obras en el Teatro del Barrio -en donde pueden venir a copiártelas los autores mejor considerados del momento, que ya es una cuestión de falta de ética- Tienes que hacer alguna renuncia para seguir investigando, armarte para poder soportar la no consecución de tus objetivos, el no estar considerado en todo momento en la vanguardia, y continuar creyendo en ti. Ser artesano de uno mismo, sería la expresión…

INMA.- ¿Qué edad tienes, Secun, te lo puedo preguntar?

SECUN.- Sí. Cuarenta y… (Risas)

INMA.- Pues yo, por ejemplo, que tengo sesenta y… (Risas), es decir, sesenta y cinco, dentro de dos meses…

SECUN.- Eso te iba a decir, que ese «y» estaba entre el cuatro y el cinco, porque si no, no dices «cuarenta y» (risas)

CONCHITA.- Dices «cuarenta y uno»

INMA.- «Cuarenta y uno recién cumplidos…»

SECUN.- A partir del seis dices cuarenta y muchos… (Risas)

INMA.- Yo tengo ya sesenta y cinco, estoy a punto de jubilarme, como digo. La sensación que me provoca esto es muy plena, me proporciona mucha libertad. No me jubilo de la creación, voy a seguir escribiendo, eso no entiendo que sea mi trabajo, mi trabajo es el de la universidad. En el terreno de la creación, mi libertad es absoluta, me encuentro como si aún estuviese en la línea de salida, no necesito ser vanguardista conmigo misma, no necesito superarme, lo que necesito es expresarme en el registro que en ese momento me apetece o siento la necesidad, como ahora mismo, que estoy fascinada con el teatro. Yo he escrito solo cuatro obras de teatro…

SECUN.- Bueno, cuatro son cuatro, eh…

INMA.- Me encanta oíros, porque para mí sois expertos. Yo me siento aprendiz. Si me permitís ampliar el campo a la narrativa, tengo escrita una novela sobre el sida. La editorial, cuando la valoró, opinó que ese no es mi estilo. Yo estoy segura de que, de publicarse, se leería. Me pregunto cuál es mi estilo…

SECUN.- ¿Y por qué algunos autores pueden escribir sobre ciertos temas y otros no? Como lo de los autores susceptibles de ser nominados y los que no. Influyen las modas y el mercado…

INMA.- Entonces, ¿es necesario que me plantee el ser vanguardista de mí misma?

CAROLINA.- Lo que me interesaba saber es si en vuestro proceso de creación, en ocasiones, os ponéis en riesgo y cómo. Aunque me encanta lo que ha dicho Inma: «solo me interesa expresarme y no me planteo eso.»

SECUN.- Para Inma escribir es un placer, es un oasis, pero tú vives de esto, has renunciado para ser autora.

CAROLINA.- Sí, pero vivo de todas las facetas que desarrollo en el teatro, de hecho me ha costado asumirme como dramaturga. Estudié periodismo. Me encantaba escribir desde pequeña. Mi formación teatral en la RESAD fue interpretación textual. Me convertí en dramaturga precisamente por salir de la escuela sin trabajo y tener que generar proyectos propios si quería actuar. Hicimos con una amiga -Bibiana Monje- una adaptación de El Principito basada en Eva al desnudo -El Principito al desnudo- y SGAE rechazó nuestra adaptación…

SECUN.- ¡Qué maravilla!

CAROLINA.- Habíamos hecho ya más de 20 bolos por las islas canarias y todo… así que me dije muy bien, lo siguiente no estará basado en nada. Escribo yo. Entonces me rompí una pierna justo cuando iba a hacer el camino de Santiago y durante el tiempo de ese viaje frustrado escribí mi primera obra. Mis herramientas como dramaturga tienen todo que ver con mi pulsión como actriz. Y como directora igual, mi pulsión para dirigir viene de comprobar cómo un director puede sacar oro de un actor o puede hacer polvo el talento de otro actor con dos comentarios. Me siento una recién llegada. Escribo, pero no he estudiado dramaturgia teatral…

INMA.- ¿Pero Shakespeare estudió dramaturgia? Yo tampoco he estudiado dramaturgia, y no soy Shakespeare, por supuesto. La profesionalización no tiene por qué exigir los estudios correspondientes. Tengo una hija que ha estudiado Arte Dramático, precisamente escribo teatro por ella. Yo soy periodista -también- de formación. Pero mi hija me pidió que le escribiese una obra de teatro -como si se tratase de hacer churros (risas)-. Escribí un texto de micro-teatro y de ahí pasé a este mundo en el que me encuentro atrapada. ¿Es imprescindible tener esos estudios para esa profesionalización?

CONCHITA.- A riesgo de que pueda parecer intrusismo, yo considero que no es necesario. Creo que es preciso conocer las herramientas.

INMA.- No reniego de esos estudios. Hay muchos lugares donde estudiar dramaturgia. Yo ingresaría en la escuela para estudiar dramaturgia, me encantaría. Me ha hecho reflexionar el oíros hablar con el peso de la experiencia, os considero maestros…

SECUN.- Carolina es más joven que yo… A mí generación le costó mucho, somos la generación del «teatro pobre»…

CONCHITA.- Porque no había apoyos para la dramaturgia. Ha costado mucho, en narrativa, menos. La dramaturgia era una profesión absolutamente denostada. Se suponía que si escribes teatro es porque eres pobre, porque eres hippie, o porque no sabes hacer otra cosa. Cambiar esa mentalidad es una de las tareas en la que nos hemos empeñado desde la editorial…

SECUN.- Carolina hablaba hace un momento con mucho amor sobre su trayectoria, sobre cómo había llegado a convertirse en autora y directora. Ese es el pequeño milagro que sucede cada vez que surge un autor o autora nuevos. Si tú tienes necesidad de compartir tus historias frente a un público, ya eres autora.

CONCHITA.- Nadie llega a ser autora por casualidad…

SECUN.- Y estoy de acuerdo con el sentido que le das a la palabra «maestro», aunque eso no implica ser bueno o malo -porque mira que hay maestros malos (risas)-. Si has renunciado a tantas cosas por tu arte, por la dramaturgia, puedes con total legitimidad considerarte autor. Esta consideración te hace responsable de lo que a partir de ese momento hagas como profesional, exige más de ti mismo.

CAROLINA.- Me considero mujer de teatro. También soy productora por necesidad, daría lo que fuera por no serlo y que me produjeran. Empleo una gran cantidad de tiempo en justificar subvenciones y gestionar otros asuntos…

CONCHITA.- Pero al final merece la pena.

CAROLINA.- Sí, y estoy muy bien rodeada… Pero hay momentos difíciles, cuando se adelanta mucho dinero y no sabes lo que va a suceder…

INMA.- Yo empecé a escribir con cincuenta años. Creo que ser escritor es el que necesita escribir. ¿Qué es ser productor? El que necesita producir. Es una necesidad.

SECUN.- Muy acertado.

CAROLINA.- En algunos autores no hay voluntad de montar lo que escriben. Como dramaturga, si escribo es porque eso que escribo lo quiero montar.

MJ.- Porque eres mujer de teatro.

SECUN.- Yo también, si escribo es para montarlo. Para mí no tiene ningún sentido no visualizarlo en escena, no trabajarlo con los actores, que no se produzca…

INMA.- A mí, como autora, me encanta participar en el montaje, no en el sentido de participar haciendo propuestas, sino, verlo. Dejarle libertad total a quien lo dirija, pero ver cómo va creciendo este proceso, estar ahí por si me necesitan. Me parece fascinante ver cómo cobran vida las palabras que tú has escrito en soledad. El teatro es un arte colectivo, es una pasión de muchos. Si triunfa, el triunfo es de todos. A veces el fracaso es de uno (Risas). Pero el fracaso es de todos, también…. Eso es tan bonito…

MJ.- ¡Qué interesante que Inma escriba desde un lugar y vosotros desde otro!

INMA.- Escribo desde las emociones.

CAROLINA.- ¿No te ha pasado que alguien monte una obra tuya y traicione lo que habías escrito?

INMA.- Sí que me ha pasado. Pero, fíjate, el texto se ha defendido solo. El texto ha dicho: «aquí hay comedia» Y hay comedia, y sale, aunque hayan querido quitarle la parte cómica.

CONCHITA.- ¿Han hecho montajes de textos tuyos que no te han gustado, Carolina?

CAROLINA.- (Silencio. Risas)

SECUN.- Venga, que ahora me voy a mojar yo (Risas)

CAROLINA.- SÍ he visto montados textos míos donde daban una trascendencia a las palabras que no tenía nada que ver con lo que yo había imaginado. A fragmentos cómicos del texto a los que se les había dado una trascendencia que no tenía nada que ver con lo que yo había escrito, se había convertido en un melodrama insoportable, siendo las mismas palabras. En parte, por eso me he animado a dirigir.

CONCHITA.- También es importante que dejéis que vuestras obras sigan solas su propia trayectoria…

CAROLINA.- Ahora estoy en otro momento de mi vida, ya no me importa tanto. Acabo de hacer la versión de un clásico, de Agustín Moreto, que dirige Iñaqui Rikarte, y aunque el texto no es mío, sino que versiono al autor, Iñaqui está haciendo propuestas de dirección que no tienen que ver con lo que yo haría. Sin embargo, estoy aprendiendo muchísimo de él, que es genial, es un mago. Puedes encontrarte con directores que sublimen o mejoren lo que escribas, incluso con actores que te inducen a salvar parlamentos de los que no estabas segura, al decirlos desde un lugar desde el que funcionan. Y, sin embargo, en otras ocasiones, el actor no defiende una frase que consideras importante y, tú misma, al comprobarlo, decides eliminarla. El texto está vivo. Es cierto que en mi caso estoy en proceso de aprender a soltar un poco, desde el punto de vista vital. Me he agotado de más, ocupando varios roles en una producción teatral…

INMA.- ¿Y te diriges a ti misma, a la vez?

CONCHITA.- ¿Y te quitas frases? (Risas)

CAROLINA.- Doy notas a todo el mundo y doy las mías en alto, también, claro… (Risas) Dirijo la escena y juego como actriz con ellos dando libertad creativa. Si mientras actúo dirigiera sería muy difícil para mis compañeros entrar en la función. Una vez que se sube el telón soy solo actriz.

SECUN.- Esto me produce mucha curiosidad… Cuándo tú estás en escena y has dirigido a tus compañeros, ¿tiendes a quitarte como actriz, a ponerte, a conseguir un equilibrio? Debe ser complicado, ¿verdad?

CAROLINA.- Depende de la obra. Por ejemplo, con Verano en diciembre, yo quería que dirigiese Lautaro Perotti, porque quería actuar. Cuando se lo plantee, me dijo que lo lógico era que dirigiese yo, ya que tenía una idea clara de cómo dirigirla. Yo insistía en que quería actuar y él me sugirió que hiciera las dos cosas. Nunca me había planteado dirigir y actuar al mismo tiempo, me parecía un acto de megalomanía y me daba terror. Me aconsejó que buscase una ayudante de dirección que fuera chica y pudiera probar con ella lo que necesitara ver desde fuera. Él se ofreció a incorporarse como director si una vez en proceso yo no podía asumir ambos rolles. Eso me proporcionó cierta tranquilidad. Elegí muy bien a las actrices y el texto funcionaba. Es cierto, que el personaje que yo asumía se situaba fuera muchas veces, como observadora, con lo que resultaba más sencillo, y al final salió…

SECUN.- ¿Y cómo haces para corregirte a ti misma como actriz?

CAROLINA.- Me resulta un ejercicio un poco esquizofrénico, la verdad. Pero soy tan rigurosa conmigo como con el resto del equipo, me obligo a decir el texto exacto, soy incluso más dura. No es lo mismo si ensayo yo el personaje como parte del reparto que si lo que hago es una sustitución. Pero el detonante fue esta obra, sin ser auto-ficción, quedaba reflejado en ella algo sobre mi familia, eso es lo que me permitía trabajar como actriz desde un lugar un poco más cómodo, porque conocía muy bien al personaje que interpretaba.

INMA.- Y, para ti, ¿qué situación sería la ideal?

CAROLINA.- Poder hacer lo mismo que hago, pero con más facilidades. Por ejemplo, que una productora pusiera el dinero para llevar a cabo el montaje, pero que me dejase la misma libertad creadora con la que cuento cuando la producción la asumo yo misma con mi propio equipo de producción. Al final, la necesidad y mis propios deseos se han ido cruzando de tal manera que he hecho lo mejor de lo que era capaz, teniendo en cuenta las circunstancias dadas. Es decir, yo quería que me dirigiese Lautaro Perotti o Claudio Torcachir -a los que admiro-, pero me ofrecieron este regalo de convertirme en directora y lo asumí con valentía. Obviamente, no siempre estoy dentro de mis montajes como actriz. Cuando esta misma obra se montó en Londres, la dirigí allí con otras actrices. Yo no estaba entre el reparto. Y no sufrí esta circunstancia en absoluto. Por otra parte, me encanta participar en proyectos exclusivamente como actriz. He trabajado con Magüi Mira en Festen y me recuerdo feliz, obediente, jugando mucho. Si no tuviese esta capacidad de olvidarme de mis otros roles, no hubiese podido asumir todos los roles a la vez. Disfruto trabajando como actriz con directores que admiro, disfruto el trabajo de escribir en soledad, y el trabajo de directora. Tengo la gran suerte de que me dedico a lo mismo que me hacía feliz cuando era pequeña. En el colegio, llegaba el final de curso y yo era la marimandona que organizaba a mis compañeras que, por otra parte, estaban encantadas porque ninguna quería tirar del carro (risas). Y, claro, yo también tenía que actuar en el baile de fin de curso, tenía que participar, como el resto. Era tan feliz representando Hijo de la Luna, para mi abuela, con mis hermanas… (Risas) Eso que antes hacía, lo hago ahora de manera profesional, con más rigor en el juego, con una mayor apuesta y, en vez de con la canción de Mecano, con unas palabras que yo he escrito. No quiero renunciar a ninguna de las vertientes que he recorrido como mujer de teatro, aunque la salud me ha pasado factura. En las giras, me ha ocurrido tener que estar hasta el último momento ejerciendo de directora y maquillarme con el público entrando en sala. O no haber pisado el escenario en el pase técnico, por haber estado pendiente de las luces y tener que ejercer luego como actriz. Y hay bolos en los que he salido reventada.

INMA.- Entonces, ¿le quitamos el apelativo de «megalómana» o se lo dejamos? (Risas)

CAROLINA.- Creo que se lo vamos a dejar, pero sin esa acepción peyorativa que suele llevar el término. Hago lo que me hace feliz.

CARLOS.- Es supervivencia…

CAROLINA.- Y es aprendizaje… Y cuando sale bien, las alegrías están garantizadas…, pero cuando sale mal…

SECUN.- Cuando uno es más joven, sueña con que llegue el gran director, la gran obra de teatro, el gran papel, la gran productora… y que empiece ahí tu carrera. Uno quiere hacer un secundario potente que brille más que los protagonistas, luego un protagonista, luego una película en el extranjero, luego ganar un premio en Cangas… Tu imaginario es perfecto, tu biofilmo es perfecta. Pero tienes que ir adaptándote a lo que te va sucediendo. Uno tiende al final a crearlo por sí mismo, a hacer que suceda, y acabas convirtiéndote en autor, en productor, para que los sueños se conviertan en realidad y, esto, al principio resulta un hándicap. No me parece que lo de Carolina sea megalomanía. Los verdaderos megalómanos están muy disfrazados. Llevo treinta años en esta profesión, desde Animalario. Conozco a muchos que, con el afán de protagonizar, buscan el texto perfecto, el director perfecto y el resto del reparto perfecto. Alguien que genera proyectos desde sus propias capacidades, no es megalómano. Lo que está haciendo es mantener despierto al niño que juega con sus amigos a crear.

CONCHITA.- En uno de los últimos encuentros con los Tragycom -que solemos repetir aquí, en la editorial, de forma periódica-, Antonio Rojano se quejaba de la falta de apoyos, de las dificultades, y amenazaba con abandonar la escritura. Entonces, Pablo Messiez le dijo a Rojano: «Deja de escribir, si puedes…»

INMA.- Es lo que le dijo Rilke al joven poeta…

SECUN.- En este país no somos capaces de generar industria. Lo ideal sería montar una compañía que tuviese una sede, un teatro, que esa compañía generase un público, poder poco a poco aspirar a más. Pero aquí preferimos trabajar en el teatro indie, donde no se gasta nada, o depender de lo público para que nos lo paguen todo. Las ayudas, por supuesto, deben existir, y el teatro off y el indie, el teatro comercial…. Pero existen pocas compañías que se auto-gestionen…

CAROLINA.- Yo conozco una…

INMA.- Es que tenemos la mala costumbre de comer todos los días, de vivir en una casa decente, de ir en autobús…

SECUN.- Sí, por eso tú eres profesora universitaria. Has conseguido escribir gracias a trabajar como profesora universitaria. Pero al que quiere vivir de su arte, siendo actor, director o autor, y exponerse, dejar su pequeña ciudad y venirse a Madrid a trabajar, le cuesta mucho conseguir que ese pequeño negocio que podría ser su compañía se mantenga.

INMA.- Vivir del teatro, de la literatura o, en general de las Artes, es muy difícil…

SECUN.- Pero esa mentalidad con respecto a que «las ayudas son necesarias» y que «todos tenemos que comer», es una pequeña trampa para los artistas, porque puede que no lleguen las ayudas, y las ayudas hay que devolverlas.

CAROLINA.- Si para una producción te dan veinte mil euros tienes que justificar treinta mil. Así que, si lo puedes montar por diez mil, lo haces. No solamente tienes que justificar un cien por cien de la ayuda, sino que el dinero se entrega una vez está finalizado el montaje. Cuando por fin te viene la ayudada, ya está realizada la producción y se han llevado a cabo los primeros bolos en gira. ¿Y de dónde adelantas treinta mil euros más los pagos para la gira con ocho personas en el elenco, hotel…?

SECUN.- Te obligan a justificar que el dinero se ha gastado en eso.

INMA.- Falla el concepto, la industria, al menos aquí, en España. Cualquier tipo de manifestación artística supone un peligro para las instituciones, porque nos hace más críticos, nos hace pensar y valorar lo que piensan los demás, genera debate…

CONCHITA.- A través de algo tan poco aprehensible, tan difícil de controlar…. Puedes meter en la cárcel a un rapero, pero no puedes apresar el rap, no puedes apresar el mensaje, las palabras del rapero. Vuelvo a recuperar el término «subversivo», el arte es subversivo, todas las Artes, incluso las más cercanas al poder, pero el teatro sobre todo. El problema es esa incapacidad o imposibilidad de generar industria, aquí, en España. Te vas a EEUU o a Inglaterra y es distinto…

SECUN.- ¿Por qué muchos espectadores españoles cogen un avión y se van a Londres a ver teatro? ¿Por qué el teatro británico genera industria? Yo soy el primero que se coge un vuelo y se va un fin de semana…

CAROLINA.- Y yo… Y he visto montajes allí con cuarenta personas en escena, incluido un bebé…

SECUN.- O te tomas un vino blanco mientras ves la obra del autor del momento… No se entiende muy bien…

CONCHITA.- La figura del dramaturgo es diferente, tiene más peso…

SECUN.- Te metes en el metro y ves los carteles… En las plazas más emblemáticas puedes comprar los tickets. Sin embargo, aquí, aunque los teatros están llenos, algo pasa que no permite que se genere industria…

INMA.- Se trata también de la inversión, los carteles también cuestan dinero…

SECUN.- Claro… Es a lo que me refiero con respecto al teatro francés o al teatro inglés… La mayoría de los que vamos a ver teatro a Londres, no es a ver teatro público. La entrada te cuesta unos cuarenta pounds, incluyendo una ayuda para mantener los edificios de los teatros en buenas condiciones, ya que son victorianos. Aquí le pides a alguien que pague cincuenta euros por una entrada y…

CAROLINA.- Depende para qué espectáculo… Sí se paga, para los musicales, Billy Elliot, El Rey León…

MJ.- ¿Esa dificultad para adecuar el precio a pagar puede tener que ver con el desprestigio histórico sufrido por esta disciplina artística, con la falta de consideración con respecto al verdadero valor del Arte Teatral?

INMA.- Todavía estamos con la rémora del Siglo de Oro, cuando la mentalidad era la de suponer o dar por hecho que las actrices eran putas… (Risas)

CAROLINA.- Se piensa en el teatro como algo anquilosado…

CONCHITA.- Aquí no sabemos vender, excepto los que sí venden… Tú vas a Londres y enseguida te inunda todo lo que tenga que ver con Shakespeare… Pero España no está vinculada al teatro de ese modo…

CAROLINA.- Cuesta ampliar esa identidad de España que parece que se reduce al fútbol, el flamenco o los toros…

MJ.- Y tenemos a Lorca, a Calderón, a Lope…

CARLOS.- El flamenco también es arte… Y Cervantes era español…

CONCHITA.- Por supuesto, pero hablo del teatro…

CAROLINA.- Tampoco hablan mucho en los telediarios sobre los espectáculos teatrales. Habría que hacer una labor a nivel informativo para generar ese sentimiento a favor del teatro como seña de identidad…

SECUN.- El teatro recibe ataques por diferentes flancos: por parte del Estado que se resiste a ofrecer ayudas e impone el IVA, por parte de las propias compañías que han tenido que sobrevivir de cualquier manera… Tengo tantos amigos escribiendo en micro-teatro, hasta familia, tengo, un hermano… Cuando asisto a un micro-teatro se me parte el alma, al ver en las condiciones en las que actúan los actores, y pienso: «Están actuando en un antiguo burdel, por fin han conseguido que seamos putas y maricones todos… Se actúa en una sala sin salidas al exterior -que cualquier día nos asfixiamos-, por cuatro euros -que no da ni para pagar la luz- tienen que ejercer de acomodadores… Esas salidas imaginativas para combatir las crisis económicas, se van asumiendo como habituales y provocan que lleguen menos ayudas, aunque suene controvertido… Los artistas de teatro tenemos también responsabilidad en esto, deberíamos luchar en contra de lo que no es digno, generar nuestras propias compañías, crear cooperativas, exigir lo que es justo. El artista de teatro es muy ideólogo a nivel sociopolítico, pero después parece sentir pudor por pelear por lo suyo…

CAROLINA.- No se pueden priorizar las ganas de hacer, hay que trabajar en unas condiciones dignas, en donde se dé el alta a los actores, se les pague, etc…

INMA.- Nos flagelamos demasiado. Os voy a poner un ejemplo… Bueno, no, no voy a poner ejemplos… (Risas)

CONCHITA.- Venga, Inma, mójate…

MJ.- Luego lo corto… (Risas)

INMA.- Os pongo otro ejemplo, más general, con el que lo vais a entender igualmente… Imaginaros un pueblo, un ayuntamiento, un teatro… Contratar una función de teatro con un coste de cuatro mil euros les parece una barbaridad. Contratar en las fiestas a un cantante, que cobra quince mil, o a un torero, les parece estupendo… Lo que hay que cambiar es el concepto, eso es lo que está fallando. Los teatros se llenan, cuando se programan obras de teatro. Ayer estuvimos en un pueblecito de Toledo con La Baltasara, y hubo gente que se quedó sin entrada, con una pena horrorosa porque solo había función ese día.

SECUN.- Son caminos diferentes, quizás…. En mi caso, cuando me planteo montar una obra planifico de antemano buscar una nave, el pago de las semanas de ensayo, dar de alta a los actores, el pago al resto del equipo, a los técnicos, el presupuesto para la escenografía… En cada bolo se te van dos mil euros, en espera de recuperarlos cuando te paguen. Yo no solicito ayudas, trabajo como actor e invierto parte de lo que gano, me han dado muy pocas ayudas. He actuado en teatros de Madrid donde esas condiciones mínimas de que hablo no existen. Dentro del propio gremio hay una lucha, no hay una normativa que regule. Entiendo que en los inicios, cuando tienes dieciocho años montas en donde sea, en un bar, y coges lo que te dan y lo repartes. Pero, en este sentido, resulta necesario profesionalizarse…

CAROLINA.- Nosotras hemos llorado mucho por hacer las cosas bien pero a la larga ha tenido su recompensa.

SECUN.- A mí es que me da incluso pereza solicitar las subvenciones, no es que no me las den, lo he hecho tan solo en dos ocasiones.

CONCHITA.- Ahí está la trampa, también…

INMA.- Es que montar una obra cuesta dinero y los actores tienen que vivir. Los actores son profesionales, los directores son profesionales, no tienen por qué trabajar, como yo, en otro ámbito. Porque yo trabajo en la universidad precisamente por eso, aunque es también mi profesión…

SECUN.- Pero, aunque suene utópico, lo ideal sería crear compañías productivas en las que el remanente del dinero generado se invirtiera en la propia compañía, no estar siempre pendientes de ser auspiciados por el off o la ayuda del Estado. Yo no menosprecio otras profesiones, aunque viva por y para el arte. Mis padres y mis abuelos eran pescadores, y ellos también tenían que comer, y cuando tenían que pescar no venía nadie a ayudarles. Todas las profesiones deberían de contar con el mismo respeto…

INMA.- La diferencia estriba en la creencia de que la cultura es gratis, que no se paga, que no cuesta. El pescador va a vender su pescado y le dan cinco céntimos, pero se los dan…

SECUN.- Por el contrario, invitamos al teatro a veinte amigos, solicitamos que no paguen…

INMA.- Pues yo lo que quiero es que me paguen por mi trabajo…

SECUN.- ¿Pero quién quieres que te pague? El público que viene a verte, igual que el que compra el pescado… No estoy en contra de las ayudas, por supuesto. En Londres, los teatros contratan a los artistas durante el periodo de creación de texto, de ensayos… Pero el giro que habría que dar para generar industria tendría que ser también responsabilidad nuestra…

BORJA.- No es normal que tengamos compañías en teatros de Madrid pagadas con dinero público, y que no cumplan el mínimo estipulado por convenio…

SECUN.- Que no les pagen…

BORJA.- Este tema debe de regularse ya, es un tema serio. Como representante de actores, tengo que luchar por la dignidad de mis representados a diario. Cuando me plantean contratos con esas condiciones, directamente les digo: “Si esto no es legal, ni me llames. Si quieres hablar con la actriz hazlo directamente, pero yo no voy a tolerar que bajo mi tutela firme ese tipo de contrato. Pero, ¿qué ocurre? Que hay cola de actrices esperando para firmar ese contrato en lugar de esta que se niega y la función se hace.

CAROLINA.- Sin ánimo de ser pesimista, el problema es muy complejo. Oigo a personas que me dicen que se puede vivir sin ir al teatro pero no sin ir al dentista cuando te duele una muela y entiendo ese punto de vista… aunque creo que una experiencia teatral buena puede cambiarte la vida. Me molesta la gente que te dice que no tiene dinero para verte en una obra y cuando les invitas por ello luego se toman tres cañas a la salida y para eso sí tienen dinero.
Hay que dignificar la profesión si no queremos que esto sea un desastre aunque entiendo que si le proponen a un actor que lleve seis meses sin ofertas de trabajo, una función sobre un texto que le encanta o con una actriz que considera muy buena, entiendo que se involucre en el proyecto pese a las condiciones no adecuadas. Yo ya no acepto trabajos sin condiciones dignas, he generado mi propia estructura, pago las cuotas de autónomos todos los meses, aunque haya meses que no haya emitido ninguna factura… Afortunadamente las rachas malas se compensan con otras buenas o regalos como una beca de escritura que llega, por ejemplo…

SECUN.- Una segunda carrera se convierte en conseguir ayudas. Yo, que vengo del barrio más chungo de Barcelona, he luchado como un jabato para trabajar del modo que lo hago. Pero todos los días veo las pésimas condiciones en las que se trabaja. Mi hermano estaba haciendo una web serie y, cuando le llamaron para grabar tuvo que ir él a hablar con la cadena de televisión y especificar lo que decía la Unión de Actores con respecto al pago por sesión. Una vez más fue un artista el que tuvo que pelear por esas condiciones dignas, a riesgo de que prescindieran de él. También entiendo la postura de aquel que cede porque no tienes nada. Hay que buscar la manera, el encuentro entre las partes implicadas. Todos los días me llama gente pidiéndome un texto, un monólogo, y de lo que menos me habla es de dinero.

CONCHITA.- Pues pásamelos, pásamelos… (Risas)

CAROLINA.- Tenemos que generar el cambio que queremos ver. Yo puedo estar tranquila con respecto a sentir que lo estoy haciendo bien y dignamente. Tú generas tu isla, La Belloch es otra isla… Hay más profesionales intentando luchar desde ahí. Otros que no lo hacen, que no luchan de esa manera, cuando ven cómo te va, dicen: “¡Qué suerte tienes, eh!” No es suerte, he apostado mucho, me he jugado mi propio dinero.

SECUN.- Para conseguir algo tienes que trabajar, generar trabajo a otros, aprender al mismo tiempo cómo conseguir y utilizar lo que se te ofrece como ayuda externa… Pero de este modo, al final, se generan mini-mundos donde no falta el trabajo. Pero si sacas la lista de autores programados en los teatros de El Canal, el Teatro Español, o Matadero, siempre son los mismos, en los últimos quince años, y eso no puede ser. Hay algo que falla, que hay que generar desde otro lado, por el bien de todos, generar industria, para no depender. Cuando te canses de funcionar así, vendrá otro, pero no habrás generado industria…

CONCHITA.- Lo que has conseguido no se traslada al gremio.

INMA.- Para dejar abierto el tema para la siguiente tertulia, la cuestión que planteaba Carolina: ¿Cuál es el problema de una huelga de actores? La gente piensa que los actores son ricos, que todos los directores de cine son Almodóvar…

SECUN.- La mayoría de los artistas de teatro somos muy solidarios, pero deberíamos revisar el propio colectivo, de modo que pertenecer a la Unión de Actores no suponga recoger un premio si te toca, o el premio a la mejor feminista del año, que me río yo del perro de la Cosmopolitan…

CAROLINA.- La gran fiesta del colectivo es la fiesta de los Goya, Cenicienta esperando a que llegue el final para devolver el vestido…

CONCHITA.- Pues apuntamos el tema para el próximo debate…

INMA.- El tema sería «la visión que tiene la sociedad sobre el mundo de las Artes Escénicas»

SECUN.- Si supieran que hay muchas veces que solo se sobrevive…

INMA.- Hay un porcentaje importantísimo de actores que no puede vivir de su trabajo y otro porcentaje importante que no se puede jubilar. En una ocasión compartí esta reflexión en facebook y, por las respuestas, pude comprobar lo equivocada que está la gente, en general, con respecto a este tema.

SECUN.- Es terrorífico que un autor teatral cuando se jubile tenga que decidir entre sus derechos de autor y tu jubilación…

MJ.- Eso ya lo han cambiado…

SECUN.- Me alegro de que así sea, porque no puedo olvidar las declaraciones de Borges al respecto. Otro tema polémico: Las películas ahora son de los productores… Yo he hecho cuatro películas gratis, películas que después ha explotado económicamente el productor que me implicó en el proyecto o la empresa que estaba detrás. Ni los actores, ni yo, ni el resto del equipo ha cobrado nada, se ha trabajado «por amor al arte», excepto estos que ahora lo venden a plataformas de Internet o a cadenas de televisión.

CAROLINA.- «Por amor al arte» en ningún país significa «gratis». Entiendo que firmaste un contrato aceptando esas condiciones…

SECUN.- Claro, te ofrecen un tanto por ciento ínfimo, te hacen notar que se rueda en tiempo mínimo…

INMA.- Pero a que a ningún carnicero le dicen «hazme una rebaja o invítame a unas chuletitas de cordero…»

CONCHITA.- Porque no se lo piden a un becario, a un alumno de primer curso de la RESAD…

SECUN.- Tenemos muy poca capacidad de renuncia, y eso quiere decir renunciar también a la pasión. Si tú quieres montar una obra pero no tienes ni un euro para pagar a nadie, búscate las maneras, aprende a generar tú para poder pagar, no dependas solo de las ayudas. Si mi madre quiere montar un bar y no puede montarlo, no lo monta…

MJ.- O se arruina…

CAROLINA.- ¿Y cómo conseguimos que se cambie esa conciencia de forma generalizada? La única manera de que el público valore en su justa medida es ofreciéndole al público espectáculos que cambien su vida. Es lo que hace Fernando J. López creando espectáculos dirigidos a un público adolescente que se interesa porque se ve reflejado, porque les cambia…

SECUN.- En este país hay subvenciones para todo, muchas más que para el arte. Están subvencionados los coches, los garajes, la gasolina, el aceite… Ha robado todo el mundo, a costa de las subvenciones, falseando los datos y no cumpliendo con los objetivos propuestos. Esto le ha hecho mucho daño al cine y al teatro. Es lógica la ayuda para el artista incipiente, pero hay profesionales del medio que continúan pidiendo ayudas de quinientos mil euros para la producción de su próxima película, teniendo dieciocho casas. Pues que vendan una e inviertan en su próxima película, que generen industria. Pero la gente de teatro no quiere arriesgar nada de lo suyo, y cualquier empresario invierte de lo suyo, aunque pida ayudas. Por lo tanto, hecha la ley, hecha la trampa, porque no todo el mundo que solicita ayudas las necesita.
La conversación podría haber sido infinita, no así el tiempo, que lo trasforma todo, que lo comprime, lo agita o lo disgrega. Y fue el paso del tiempo el que, en un instante preciso, disgregó a este grupo apasionado y analítico, impulsando a cada componente en diferentes direcciones, cada cual dirigido hacia otra ocupación perentoria. Nos íbamos charlando, no obstante, en parejas o cada quien en silencio, consigo mismo. Conchita me dijo al despedirse con una sonrisa: «Pues tienes material de sobra». Así ha sido, aunque no me haya sobrado nada. Hasta la próxima.

CAROLINA.- Depende para qué espectáculo… Sí se paga, para los musicales, Billy Elliot, El Rey León…

MJ.- ¿Esa dificultad para adecuar el precio a pagar puede tener que ver con el desprestigio histórico sufrido por esta disciplina artística, con la falta de consideración con respecto al verdadero valor del Arte Teatral?

INMA.- Todavía estamos con la rémora del Siglo de Oro, cuando la mentalidad era la de suponer o dar por hecho que las actrices eran putas… (Risas)

CAROLINA.- Se piensa en el teatro como algo anquilosado…

CONCHITA.- Aquí no sabemos vender, excepto los que sí venden… Tú vas a Londres y enseguida te inunda todo lo que tenga que ver con Shakespeare… Pero España no está vinculada al teatro de ese modo…

CAROLINA.- Cuesta ampliar esa identidad de España que parece que se reduce al fútbol, el flamenco o los toros…

MJ.- Y tenemos a Lorca, a Calderón, a Lope…

CARLOS.- El flamenco también es arte… Y Cervantes era español…

CONCHITA.- Por supuesto, pero hablo del teatro…

CAROLINA.- Tampoco hablan mucho en los telediarios sobre los espectáculos teatrales. Habría que hacer una labor a nivel informativo para generar ese sentimiento a favor del teatro como seña de identidad…

SECUN.- El teatro recibe ataques por diferentes flancos: por parte del Estado que se resiste a ofrecer ayudas e impone el IVA, por parte de las propias compañías que han tenido que sobrevivir de cualquier manera… Tengo tantos amigos escribiendo en micro-teatro, hasta familia, tengo, un hermano… Cuando asisto a un micro-teatro se me parte el alma, al ver en las condiciones en las que actúan los actores, y pienso: «Están actuando en un antiguo burdel, por fin han conseguido que seamos putas y maricones todos… Se actúa en una sala sin salidas al exterior -que cualquier día nos asfixiamos-, por cuatro euros -que no da ni para pagar la luz- tienen que ejercer de acomodadores… Esas salidas imaginativas para combatir las crisis económicas, se van asumiendo como habituales y provocan que lleguen menos ayudas, aunque suene controvertido… Los artistas de teatro tenemos también responsabilidad en esto, deberíamos luchar en contra de lo que no es digno, generar nuestras propias compañías, crear cooperativas, exigir lo que es justo. El artista de teatro es muy ideólogo a nivel sociopolítico, pero después parece sentir pudor por pelear por lo suyo…

CAROLINA.- No se pueden priorizar las ganas de hacer, hay que trabajar en unas condiciones dignas, en donde se dé el alta a los actores, se les pague, etc…

INMA.- Nos flagelamos demasiado. Os voy a poner un ejemplo… Bueno, no, no voy a poner ejemplos… (Risas)

CONCHITA.- Venga, Inma, mójate…

MJ.- Luego lo corto… (Risas)

INMA.- Os pongo otro ejemplo, más general, con el que lo vais a entender igualmente… Imaginaros un pueblo, un ayuntamiento, un teatro… Contratar una función de teatro con un coste de cuatro mil euros les parece una barbaridad. Contratar en las fiestas a un cantante, que cobra quince mil, o a un torero, les parece estupendo… Lo que hay que cambiar es el concepto, eso es lo que está fallando. Los teatros se llenan, cuando se programan obras de teatro. Ayer estuvimos en un pueblecito de Toledo con La Baltasara, y hubo gente que se quedó sin entrada, con una pena horrorosa porque solo había función ese día.

secun y carolina

SECUN.- Son caminos diferentes, quizás…. En mi caso, cuando me planteo montar una obra planifico de antemano buscar una nave, el pago de las semanas de ensayo, dar de alta a los actores, el pago al resto del equipo, a los técnicos, el presupuesto para la escenografía… En cada bolo se te van dos mil euros, en espera de recuperarlos cuando te paguen. Yo no solicito ayudas, trabajo como actor e invierto parte de lo que gano, me han dado muy pocas ayudas. He actuado en teatros de Madrid donde esas condiciones mínimas de que hablo no existen. Dentro del propio gremio hay una lucha, no hay una normativa que regule. Entiendo que en los inicios, cuando tienes dieciocho años montas en donde sea, en un bar, y coges lo que te dan y lo repartes. Pero, en este sentido, resulta necesario profesionalizarse…

CAROLINA.- Nosotras hemos llorado mucho por hacer las cosas bien pero a la larga ha tenido su recompensa.

SECUN.- A mí es que me da incluso pereza solicitar las subvenciones, no es que no me las den, lo he hecho tan solo en dos ocasiones.

CONCHITA.- Ahí está la trampa, también…

INMA.- Es que montar una obra cuesta dinero y los actores tienen que vivir. Los actores son profesionales, los directores son profesionales, no tienen por qué trabajar, como yo, en otro ámbito. Porque yo trabajo en la universidad precisamente por eso, aunque es también mi profesión…

SECUN.- Pero, aunque suene utópico, lo ideal sería crear compañías productivas en las que el remanente del dinero generado se invirtiera en la propia compañía, no estar siempre pendientes de ser auspiciados por el off o la ayuda del Estado. Yo no menosprecio otras profesiones, aunque viva por y para el arte. Mis padres y mis abuelos eran pescadores, y ellos también tenían que comer, y cuando tenían que pescar no venía nadie a ayudarles. Todas las profesiones deberían de contar con el mismo respeto…

INMA.- La diferencia estriba en la creencia de que la cultura es gratis, que no se paga, que no cuesta. El pescador va a vender su pescado y le dan cinco céntimos, pero se los dan…
SECUN.- Por el contrario, invitamos al teatro a veinte amigos, solicitamos que no paguen…

INMA.- Pues yo lo que quiero es que me paguen por mi trabajo…

SECUN.- ¿Pero quién quieres que te pague? El público que viene a verte, igual que el que compra el pescado… No estoy en contra de las ayudas, por supuesto. En Londres, los teatros contratan a los artistas durante el periodo de creación de texto, de ensayos… Pero el giro que habría que dar para generar industria tendría que ser también responsabilidad nuestra…

BORJA.- No es normal que tengamos compañías en teatros de Madrid pagadas con dinero público, y que no cumplan el mínimo estipulado por convenio…

SECUN.- Que no les pagen…

BORJA.- Este tema debe de regularse ya, es un tema serio. Como representante de actores, tengo que luchar por la dignidad de mis representados a diario. Cuando me plantean contratos con esas condiciones, directamente les digo: “Si esto no es legal, ni me llames. Si quieres hablar con la actriz hazlo directamente, pero yo no voy a tolerar que bajo mi tutela firme ese tipo de contrato. Pero, ¿qué ocurre? Que hay cola de actrices esperando para firmar ese contrato en lugar de esta que se niega y la función se hace.

CAROLINA.- Sin ánimo de ser pesimista, el problema es muy complejo. Oigo a personas que me dicen que se puede vivir sin ir al teatro pero no sin ir al dentista cuando te duele una muela y entiendo ese punto de vista… aunque creo que una experiencia teatral buena puede cambiarte la vida. Me molesta la gente que te dice que no tiene dinero para verte en una obra y cuando les invitas por ello luego se toman tres cañas a la salida y para eso sí tienen dinero.
Hay que dignificar la profesión si no queremos que esto sea un desastre aunque entiendo que si le proponen a un actor que lleve seis meses sin ofertas de trabajo, una función sobre un texto que le encanta o con una actriz que considera muy buena, entiendo que se involucre en el proyecto pese a las condiciones no adecuadas. Yo ya no acepto trabajos sin condiciones dignas, he generado mi propia estructura, pago las cuotas de autónomos todos los meses, aunque haya meses que no haya emitido ninguna factura… Afortunadamente las rachas malas se compensan con otras buenas o regalos como una beca de escritura que llega, por ejemplo…

SECUN.- Una segunda carrera se convierte en conseguir ayudas. Yo, que vengo del barrio más chungo de Barcelona, he luchado como un jabato para trabajar del modo que lo hago. Pero todos los días veo las pésimas condiciones en las que se trabaja. Mi hermano estaba haciendo una web serie y, cuando le llamaron para grabar tuvo que ir él a hablar con la cadena de televisión y especificar lo que decía la Unión de Actores con respecto al pago por sesión. Una vez más fue un artista el que tuvo que pelear por esas condiciones dignas, a riesgo de que prescindieran de él. También entiendo la postura de aquel que cede porque no tienes nada. Hay que buscar la manera, el encuentro entre las partes implicadas. Todos los días me llama gente pidiéndome un texto, un monólogo, y de lo que menos me habla es de dinero.

CONCHITA.- Pues pásamelos, pásamelos… (Risas)

CAROLINA.- Tenemos que generar el cambio que queremos ver. Yo puedo estar tranquila con respecto a sentir que lo estoy haciendo bien y dignamente. Tú generas tu isla, La Belloch es otra isla… Hay más profesionales intentando luchar desde ahí. Otros que no lo hacen, que no luchan de esa manera, cuando ven cómo te va, dicen: “¡Qué suerte tienes, eh!” No es suerte, he apostado mucho, me he jugado mi propio dinero.

SECUN.- Para conseguir algo tienes que trabajar, generar trabajo a otros, aprender al mismo tiempo cómo conseguir y utilizar lo que se te ofrece como ayuda externa… Pero de este modo, al final, se generan mini-mundos donde no falta el trabajo. Pero si sacas la lista de autores programados en los teatros de El Canal, el Teatro Español, o Matadero, siempre son los mismos, en los últimos quince años, y eso no puede ser. Hay algo que falla, que hay que generar desde otro lado, por el bien de todos, generar industria, para no depender. Cuando te canses de funcionar así, vendrá otro, pero no habrás generado industria…

CONCHITA.- Lo que has conseguido no se traslada al gremio.

INMA.- Para dejar abierto el tema para la siguiente tertulia, la cuestión que planteaba Carolina: ¿Cuál es el problema de una huelga de actores? La gente piensa que los actores son ricos, que todos los directores de cine son Almodóvar…

SECUN.- La mayoría de los artistas de teatro somos muy solidarios, pero deberíamos revisar el propio colectivo, de modo que pertenecer a la Unión de Actores no suponga recoger un premio si te toca, o el premio a la mejor feminista del año, que me río yo del perro de la Cosmopolitan…

CAROLINA.- La gran fiesta del colectivo es la fiesta de los Goya, Cenicienta esperando a que llegue el final para devolver el vestido…

CONCHITA.- Pues apuntamos el tema para el próximo debate…

INMA.- El tema sería «la visión que tiene la sociedad sobre el mundo de las Artes Escénicas»

SECUN.- Si supieran que hay muchas veces que solo se sobrevive…
INMA.- Hay un porcentaje importantísimo de actores que no puede vivir de su trabajo y otro porcentaje importante que no se puede jubilar. En una ocasión compartí esta reflexión en facebook y, por las respuestas, pude comprobar lo equivocada que está la gente, en general, con respecto a este tema.

SECUN.- Es terrorífico que un autor teatral cuando se jubile tenga que decidir entre sus derechos de autor y tu jubilación…

MJ.- Eso ya lo han cambiado…

SECUN.- Me alegro de que así sea, porque no puedo olvidar las declaraciones de Borges al respecto. Otro tema polémico: Las películas ahora son de los productores… Yo he hecho cuatro películas gratis, películas que después ha explotado económicamente el productor que me implicó en el proyecto o la empresa que estaba detrás. Ni los actores, ni yo, ni el resto del equipo ha cobrado nada, se ha trabajado «por amor al arte», excepto estos que ahora lo venden a plataformas de Internet o a cadenas de televisión.

CAROLINA.- «Por amor al arte» en ningún país significa «gratis». Entiendo que firmaste un contrato aceptando esas condiciones…

SECUN.- Claro, te ofrecen un tanto por ciento ínfimo, te hacen notar que se rueda en tiempo mínimo…

INMA.- Pero a que a ningún carnicero le dicen «hazme una rebaja o invítame a unas chuletitas de cordero…»

CONCHITA.- Porque no se lo piden a un becario, a un alumno de primer curso de la RESAD…

SECUN.- Tenemos muy poca capacidad de renuncia, y eso quiere decir renunciar también a la pasión. Si tú quieres montar una obra pero no tienes ni un euro para pagar a nadie, búscate las maneras, aprende a generar tú para poder pagar, no dependas solo de las ayudas. Si mi madre quiere montar un bar y no puede montarlo, no lo monta…

MJ.- O se arruina…

CAROLINA.- ¿Y cómo conseguimos que se cambie esa conciencia de forma generalizada? La única manera de que el público valore en su justa medida es ofreciéndole al público espectáculos que cambien su vida. Es lo que hace Fernando J. López creando espectáculos dirigidos a un público adolescente que se interesa porque se ve reflejado, porque les cambia…

© Carlos Núñez de Arenas | Conchita Piña, Inma Chacón, Carolina África, Secun de la Rosa y MJ Cortés Robles
© Carlos Núñez de Arenas | Conchita Piña, Inma Chacón, Carolina África, Secun de la Rosa y MJ Cortés Robles

SECUN.- En este país hay subvenciones para todo, muchas más que para el arte. Están subvencionados los coches, los garajes, la gasolina, el aceite… Ha robado todo el mundo, a costa de las subvenciones, falseando los datos y no cumpliendo con los objetivos propuestos. Esto le ha hecho mucho daño al cine y al teatro. Es lógica la ayuda para el artista incipiente, pero hay profesionales del medio que continúan pidiendo ayudas de quinientos mil euros para la producción de su próxima película, teniendo dieciocho casas. Pues que vendan una e inviertan en su próxima película, que generen industria. Pero la gente de teatro no quiere arriesgar nada de lo suyo, y cualquier empresario invierte de lo suyo, aunque pida ayudas. Por lo tanto, hecha la ley, hecha la trampa, porque no todo el mundo que solicita ayudas las necesita.

La conversación podría haber sido infinita, no así el tiempo, que lo trasforma todo, que lo comprime, lo agita o lo disgrega. Y fue el paso del tiempo el que, en un instante preciso, disgregó a este grupo apasionado y analítico, impulsando a cada componente en diferentes direcciones, cada cual dirigido hacia otra ocupación perentoria. Nos íbamos charlando, no obstante, en parejas o cada quien en silencio, consigo mismo. Conchita me dijo al despedirse con una sonrisa: «Pues tienes material de sobra». Así ha sido, aunque no me haya sobrado nada. Hasta la próxima.

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